En los años 70 el psicólogo Paul Eckman, en un “darwiniano” trabajo pionero, descubrió que las expresiones faciales de las emociones, en lugar de determinadas culturalmente, son más bien universales y tienen, por consiguiente, un origen biológico. En su primera lista de emociones básicas incluyó la alegría, la ira, el asco, el miedo, la sorpresa y la tristeza. Dos décadas más tarde añadiría a la lista la vergüenza, la satisfacción, el alivio, la culpa, el desprecio y  el orgullo/soberbia, entre otras.

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