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If you need me, whistle!

by Alhy K. Wood

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Películas a boicotear

61 edición del Zinemaldia: Anti-perlas

Hace exactamente una semana que la última edición del festival de cine de San Sebastián echó anclas a la espera de la (esperemos menos “recortada”) 62 edición, sin embargo, ha supuesto un tiempo muy escaso como para que la (advenediza) autora de este blog haya tenido tiempo de digerir y asimilar las casi 30 películas que ha tenido el privilegio de disfrutar como acreditada por primera vez en su vida.

¿Por dónde empezar? Por las anti-perlas, para posteriormente pasar a las semi-perlas y acabar con las pequeñas y grandes joyas, of course.

 
Anti-perlas

 

The face of love (Perlas)

Cuando te encuentras con dos actorazos de la talla Annette Bening y Ed Harris derrochando química y complicidad en una historia, a priori, de lo más prometedora (una mujer viuda se encuentra con un clón de su difunto esposo 5 años después de su pérdida y se siente irremediablemente atraída por él) parece que nada puede salir mal, sin embargo, el film culebrea en su segunda mitad, y el enorme potencial de la historia queda fagocitado por una simple y facilona resolución telefilmil que deja en el espectador una indignante e imperdonable sensación de estafa.

 

Devil’s knot (Sección oficial)

Es difícil decidir qué es lo más triste del último trabajo de Atom Egoyan: si constatar que el director ha perdido definitivamente el norte o encontrar en su reparto a buenos actores como Colin Firth y Reese Witherspoon simplemente correctos y desperdiciados. Con ecos de Mistic River y vocación de telefilm, la película resulta aburrida, predecible y sin personalidad. Expone unos supuestos hechos reales con escaso atractivo o interés, para arrojarnos a un final torpe y anticlimático con los que, probablemente, sean los (super explicativos) rótulos finales más largos de la historia.

 

October, November (Sección oficial)

Esta cinta austríaca tiene el dudoso honor de haber sido, probablemente, la película de la sección oficial que más desbandadas ha provocado en el patio de butacas. A pesar de contar con el bueno de Sebastian Koch pululando por los Alpes, el film resulta aburrido, acartonado, predecible, sin ritmo, sin emoción, reiterativo e insoportablemente largo. Una escena se repite.:un pobre salmón agoniza y lucha desesperadamente por respirar sobre una piedra. Nada justifica la muerte de un animal no humano para subrayar insistentemente un proceso vital, pero, este film, menos que ninguno.

 

Enemy (Sección oficial)

Tal vez, dentro de unos años, me tire de los pelos y/o me haga cortes con cuchillas al más puro estilo trastorno borderline por no haber sido capaz de ver y apreciar la grandeza del film de Denis Villeneuve, pero, aquí y ahora, me resulta difícil ver un potencial diamante en bruto tras ese inconcluso, pretencioso y caótico manto de confusión. Se agradece un film que intente salirse de lo convencional y sorprender al espectador. También se aplaude la atmosfera inquietante, turbia y alucinógena y la inspirada elección de casting, pero no puedo darle la razón al director cuando afirma que “para entenderla o disfrutarla hay que verla más de una vez”.  Las segundas oportunidades cinematográficas, sólo se dan a quienes te han atrapado en su red (y nunca mejor dicho) tras un solo visionado.

 

 
Fruitvale Station (Perlas)

Tras ver Fruitvale Station y de confesar sentir una tirria especial por la sobrevaloradísima Bestias del sur salvaje, la ganadora anterior, me reafirmo en el hecho de que he perdido del todo la fe en el criterio del festival de Sundance. Resultaría difícil imaginar cómo ha podido llegar tan lejos una producción manipuladora, telefilmera, almibarada y maniquea (en la que la sensación de manipulación y nulo respeto hacia la inteligencia del público resultan constantes) si no fuera por los grandes nombres que se esconden en las labores de producción. Para indignarse ante una injusticia no hace falta que nos eleven a la santidad a su víctima (puede, incluso, resultar contraproducente, y de hecho, ni siquiera tiene que caernos bien). Un acto abominable siempre será abominable. Y punto.

 

For those who can tell no tales (Sección oficial)

Los temas que acaricia no podrían ser más interesantes y rescatables, pero, lamentablemente, las buenas intenciones no bastan ni para conmover ni para sostener una película. El film de Jasmila Zbanic está situado a las antípodas de la emoción, como su australiana protagonista, y nos deja la frustrante sensación de haber visto una película fallida que pedía a gritos una buena ficción en lugar de una falsa y fría estructura de documental. Aunque le pongamos ganas y complicidad, su bienintencionado recorrido no nos conmueve, ni horroriza (y esto es lo peor que se puede decir de un film de denuncia), además, profundiza levemente en la herida y sus consecuencias y no acaba de resultar del todo creíble. Una pena.

 

El rey de Canfranc(Zabaltegi)

Durante la segunda guerra mundial hubo una Casablanca y un Rick’s Cafe patrios, concretamente en la estación de ferrocarril de Canfranc (Huesca), donde Albert le Lay, un espía al servicio de la Resistencia francesa que se ocultaba bajo la normal apariencia del jefe de la aduana francesa, controlaba este punto estratégico de paso de mercancías entre España y Alemania, salvando unas cuantas vidas en el intento.

Con semejante argumento, a priori, resulta bastante improbable que este documental pueda resultar aburrido, pero, desgraciadamente, lo es. Su fascinante material está narrado sin pulso, sin originalidad y sin gracia (como si tratase de un documental medio de La2), se limita a ser funcional y toda su potencial magia (que daría para una película) se pierde en el camino. Qué rabia.


Próximamente: Semi-perlas

 
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Elysium: Deus ex machina, porque yo lo valgo

[¡Cuidadín! Esta lista de preguntas sin respuesta contiene spoilers]


*¿Por qué los pobres habitantes de la tierra chapurrean spanglish mientras que los ricos y clasistas habitantes del Elysium hablan perfecto francés? Dada la forma en la cinta ningunea y desperdicia la crítica social, ¿no habría sido más inspirado que, al menos, en lugar de la lengua de Molière, hablasen alemán?

*¿Cómo es posible que, a pesar de nuestra complicidad y candidez (y una cantidad ingente de deus ex machina), pretendan que nos creamos que tras una descarga de radioactividad mortal, con plantarle un traje a lo Robocop y darle un par de pildorillas, el bueno de Damon adquiere super fuerza, no le duele nada, apenas sangra cuando le apuñalan (y seguro que ni suda), cuando, en realidad, debería estar consumiéndose a velocidad exponencial y dañando seriamente a las personas que tiene alrededor?
 
 
 

*¿Por qué el tal Spider, genio informático donde los haya (únicamente leyendo un código encriptado consigue descifrarlo. Ni el Neo de Matrix, oiga) insiste tanto en la dificultad de la misión que le encomienda a Damon, cuando horas más tarde se presenta él mismo en una nave que nadie detecta hasta que es demasiado tarde y sin un solo rasguño, like Peter around his home?
 
 
 
 
* ¿Por qué nos ilusionan ante la idea de contar con una mala de la categoría de la semi retirada Jodie Foster, cuando en realidad su personaje resulta vergonzosa y ridículamente secundario, y toda la película iba encaminada a un descarado duelo testosteróneo y mamporril entre el bueno buenísimo y el malo malísimo?
 
 
 
* ¿Cuál es el sentido de tanto subrayado sobre el carácter mesiánico del personaje principal, repitiéndonos las mismas cansinas escenas varias veces? ¿nadie más ha sentido la irreprimible urgencia de ponerle un esparadrapo en la boca a la irritante y manipuladora monja?
 

* ¿Por qué incluir la escena, forzadísima hasta la náusea, en la que la hija de la enfermera le cuenta la fábula a Damon? ¿es que no resultaba suficiente presión para el muchacho el hecho de saber que tiene en las manos el futuro de la hija del amor de tu vida? La reacción de la niña no tiene ningún sentido. Acaba de conocerlo, no hay vínculo, ni afecto, ni ná de ná.
 
 
 

* ¿El final estúpido, ridículo, edulcorado, nada coherente, es un insulto a la inteligencia o una advertencia e “invitación al futuro ahorro” a los incautos que han pagado por la entrada?

 

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Amor y letras ("Liberal Arts"): crisis vitales versión hipster

En una escena de Amor y letras (otra maravilla de “traducción” inspirada donde las haya), el personaje de Elizabeth Olsen le graba un CD de música clásica a Josh Radnor para que este amplíe sus gustos musicales más allá de “los grupos indies raros” que suele escuchar. Él, maravillado ante su belleza, reacciona (o despierta) con insights sobre la poesía de la belleza urbana al más puro estilo American Beauty.  ¡Qué bonito!
Hace unos 15 años, cayó en mis manos un CD doble titulado “La mejor música de relajación del  mundo” que contiene, aproximadamente, el 80% de los temas clásicos que se incluyen en esta película.  ¿Cuál es la diferencia entre estas dos situaciones tan aparentemente poco relacionadas? Pues que mi CD no intentaba engañar al consumidor, venía a ser lo que a la música pop son los grandes éxitos de The Beatles, mientras que en la película de Radnor, nos quieren vender esta selección de temas, no sólo como una muestra representativa de los fab four, sino de la música pop nivel principiante. Pues bien, esta metáfora musical puede aplicarse al resto de la película.
 
 
 
 
 
Casi todo en este film es pura pose hipster o gafapastil, perfectamente diseñada para parecer ingeniosa, fresca y trascendente, cuando en realidad, no lo es. Josh Radnor (que escribe y dirige, como ya hizo con su primer trabajo Happythankyoumoreplease) pretende hablarnos de las crisis vitales (la de los veinte, la de los pre-cuarenta y la de la post-jubilación) y sus aparentes coincidencias, de lo que implica aparcar los peterpanismos, abrazar la madurez con responsabilidad y aprender a estar más presente en el mundo real que en el acogedor mundo interno (ese que es alimentado por los libros que el personaje de Radnor parece devorar), entre otras muchas cosas. El problema, es que no profundiza ni desarrolla ninguno de estos temas. Se limita a rascar un poquito en su superficie, a soltar unas cuentas frases supuestamente profundas y lúcidas en algún dialogo resultón y a mostrarnos un catálogo de inadaptados encantadores (muy desaprovechados, casi todos ellos, sobre todo ese actorazo que es Richard Jenkins). Todo sin hacer demasiada pupita ni hacer meditar al espectador. Muy cool, muy bittersweet, muy “indie”, pero no cuela.
 
 
 
 
 
Por ejemplo, no nos creemos a Josh Radnor como ese lector inteligente y compulsivo. Salvo alguna escena en la que le vemos leyendo o soltando algún comentario prestado, lo único que nos lo confirma (además de oírle repetir “me encantan los libros” una y otra vez), es un ataque a la yugular de la saga Crepúsculo,que vendría a ser tan obvio y facilón como un grupo de leonas persiguiendo a una gacela “jubilada” en pleno Serengueti. Lo que realmente habría sido un síntoma de ingenio e inteligencia, habría sido meterse con alguna otra obra literaria mejor valorada por la crítica y más querida por el público en general, pero como casi todos sentimos tirria (o placer culpable) por la saga vampírica, nos reímos maliciosamente, felicitándonos por nuestros buen criterio y tan contentos.
 
 
 
 
En resumen, si lo que quieres es ver una película amable, agridulce, algo cursi, políticamente correcta, con algún actor carismático (atención a Elizabeth Olsen, lo mejor de la película con diferencia), perfectamente olvidable, aunque un poco más digna que la media de comedias de este tipo, puede que salgas del cine con una sonrisa. Si, por el contrario, exiges un film a la altura de la propuesta que inicialmente presenta al espectador (un film sencillo, fresco, nada pedante o pretencioso, con ingenio, inteligencia y cierta profundidad y originalidad), sentirás que la última hora y media de tu vida  es una vergonzosa tomadura de pelo… hipster.
 
 


P.S. Tiene guasa, I’ll give him that, que Radnor se meta con la saga Crepúsculo cuando una de las actrices de la adaptación cinematográfica sale en esta misma película, y él mismo tiene como novia a otra de sus vampiras.
 
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La animalada de Pi

Durante este ya agonizante 2012 han surgido una serie de películas en las que no sólo se han utilizado animales (utilizar es un eufemismo de explotación cuando no se trata de dóciles canes) sino que también se han maltratado y asesinado, bien con premeditación y alevosía (3 toros en Blancanieves y decenas de peces recién pescados y/o agonizantes en Bestias del sur salvaje) o bien por supuesto accidente (caballos, cabras y aves en El Hobbit). En resumen: no ha sido un buen año para los forzados actores no humanos.
Recientemente ha llegado a nuestros cines la esperadísima La vida de Pi, que, entre otros temas, aborda el necesario y menospreciado respeto y empatía interespecies. Resulta, por lo tanto, lógico suponer que en un film en el que se recalca que los animales tienen alma, se haya cuidado con esmero el trato y el respeto hacia las otras especies.  Lo deseable y coherente con el argumento de la novela de Yann Martel habría sido que todos sus personajes no humanos hubieran sido creados digitalmente. Desgraciadamente, no ha sido así.
 

A pesar de que un rodaje con animales casi siempre supone accidentes de algún tipo (caídas, heridas, peleas, ataques y agresividad debida al estrés, etc), resulta mucho más barato utilizar seres de carne y hueso y obligarlos a realizar actos que, muchas veces, van en contra de su propia naturaleza salvaje, que tirar de carísimos y sofisticadísimos efectos especiales. El mejor y más claro ejemplo en la película de Ang Lee sería Richard Parker, el tigre. Sólo se ha utilizado un animal en 3D en las escenas “imposibles de filmar en la realidad”. Seguro que el bueno de “Richard” disfrutó de lo lindo sometiéndose, contra su voluntad y sin cobrar ni un céntimo, al prestigioso“método látigo”.
 
Y es que el film cuenta con un entrenador (David Faivre) y un coordinador de tigres (Paul ‘Sled’ Reynolds) que cualquier animalista pondría en su lista negra. Para colmo de males, la exitosa película está rodada en Taiwan, donde la regulación de los derechos de los animales en el cine debe estar aún más vendida que la American Humane Association (AHA), que supuestamente regula el bienestar de esos animales SÓLO durante el rodaje (¿qué pasa, entonces, en todos los rodajes con animales del mundo, cuando se apagan las luces?), aunque, como bien es sabido, la graduación de sus gafas depende, en cada caso, de la generosidad de la productora.
 
 
 
 
Otrosaseguran que La vida de Pi podría haber estado regulada por The Animal Welfare Board of India, la cual habría aceptado de buen grado que se rodara con 3 elefantes, 9 perros, 2 cabras, 81 aves, 6 vacas, 15 conejos, una mula, 5 gallos, un león, un tigre y un mono (de ser cierto, seguramente, excelentemente tratados desde la perspectiva de un domador de circo). Pero, se mire por donde se mire, el sadismo está practicamente garantizado.
 
¿Puede una película con supuesto mensaje animalista explotar animales no humanos bajo la premisa de que el fin justifica los medios? ¿acaso es coherente maltratar y despreciar unas cuantas vidas con la excusa de instar al público a respetar y proteger otras? ¿Es ético utilizar animales (a menudo salvajes) en los rodajes y someterlos a todo tipo de estreses y maltratos cuando sus personajes podrían ser creados digitalmente? ¿cuánto tiempo más van a seguir sufriendo inútilmente otras especies en nombre del séptimo arte? Y, desde nuestra responsabilidad como espectadores, ¿cuánto más seguiremos acudiendo a las salas para abrir el corazón y cerrar los ojos ante brutales (e imperdonables) contradicciones como esta?
 
 
 
 
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