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If you need me, whistle!

by Alhy K. Wood

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Homenajes

Mi 2014 en 12 escenas

Recordar tus escenas favoritas del año es como uno de esos juegos de preguntas rápidas en los que tienes que contestar lo primero que se te pasa por la mente. Si el ejercicio se intelectualiza y requiere de tiempo y una ardua reflexión, se pueden rescatar buenas (incluso excelentes) escenas, pero, como diría Richard Gere “no te han llegado al corazón”.
He aquí mi selección de entre las películas estrenadas (y vistas) en pantalla grande durante el 2014, ordenadas sin orden de preferencia.

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My 100 favorite films of all time/ Mis 100 películas favoritas


¿Tod@ cinéfil@ que se precie tiene clarísimo su top 100 de películas favoritas? Si la respuesta es afirmativa, yo debo ser una excepción. No solo me ha costado horrores elaborar esta lista, sino que me siento culpable y dubitativa por todos los títulos que he tenido que dejar en el tintero.

Cualquier niñ@ de los 80 comprueba, tarde o temprano, que hay una serie de films míticos, que no sólo te marcaron en su esponjil momento, sino que te persiguen irremediablemente durante toda la vida (sí, las películas que pertenecen a los 80 y los 90 las ha elegido mi niña y mi adolescente interior. El resto, supongo que mi friki, mi romántica empedernida y mi psicóloga, entre otras). En fin, pasen y comprueben compatibilidades cinéfilas. 

Ordenadas alfabéticamente:

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La culpa fue de Alan Menken: canciones Disney que me marcaron II

¿Cuál es la fina línea que separa tus canciones Disney favoritas de tus canciones Disney FAVORITAS, o lo que es lo mismo, la actualización anterior de esta que nos ocupa? Para hacer la delicada, dolorosa y a menudo arbitraria decisión, pensé en recurrir a mi memoria. ¿Cuántas era capaz de recordar perfectamente años más tarde? Mi frikismo me demostró que casi todas, así que tuve que echar mano de otra estrategia: mi multilingüismo masoca. ¿Cuántas de esas canciones me había aprendido al dedillo en spanish y en inglés? La respuesta, ladies & gentlemen, es esta lista.

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La culpa fue de Alan Menken: canciones Disney que me marcaron I

Mi relación actual con la Disney más clásica se puede describir en una palabra: ambivalencia. Y es que, a estas alturas del “cuento”, no puede ser de otra manera. Aunque Disney tenga mucha responsabilidad en la imperdonable tarea de crear expectativas románticas imposibles en las niñas y adolescentes de todo el planeta, y haya contribuido, además, a alimentar los introyectos sexistas de los que aún nos estamos “sacudiendo”, resultaría injusto negarle una más que deliciosa “spoonful of sugar”: haber musicalizado nuestra infancia.

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Películas que rescataría del fuego (my favorite films of 2013)

Si la cosecha cinematográfica del año que acaba de abandonarnos fuera un campo en llamas, me arriesgaría a llevarme alguna buena quemadura con tal de salvar para la posteridad (y para futuro/s disfrutre/s) un buen puñado de maravillas.

Mi selección no tiene ranking ni tampoco se trata de un rígido conjunto cerrado (las “listas plastificadas” no van conmigo). De hecho, es probable, que con el paso de las semanas (o los meses), a medida que descubra películas pendientes o revisione las actuales, modifique o incluya alguna película.
Muy rescatables



The Master

Una historia potentísima, personajes inquietantes magníficamente dibujados, un trío de protagonistas en estado de gracia y el particularísimo estilo de Paul Thomas Anderson a la dirección ya son bastantes alicientes para disfrutar de este film, pero es que The Master, además, resulta poderosamente extraña, oscura e hipnótica. Sí, exige un esfuerzo y se hace exasperante, por momentos, pero, al mismo tiempo, se tiene la sensación de estar asistiendo a un trabajo tan rotundo que, como al personaje de Phoenix en la que probablemente sea su escena más memorable, cuesta cerrar los ojos ante ella.  



No

Si no se supiera de antemano que Noestá basada en hechos reales, nos parecería una “americanada” infumable. Sin embargo, lo que en ella se nos narra (el final de la dictadura de Pinochet, ahí es ná) no sólo ocurrió en realidad, sino que su argumento resulta más necesario) que nunca. Esperanzadora, ingeniosa, antidepresiva e  inteligente, mezcla como nunca habíamos visto ficción con imágenes de documental y programas televisivos, y posee un humor negro al que resulta difícil resistirse (además de un Gael García Bernal en el mejor papel de toda su carrera). Y  es que, ¿se puede decir algo malo sobre este peliculón de Pablo Larraín?


Searching for Sugar Man

Si No nos demuestra que la realidad supera la ficción, este magnífico documental, aún más prozac que la película de Larrain, nos regala una increíble y emotiva historia bigger tan life que narra la vida de Sixto Rodriguez, un ser magnético y extraordinario del que es imposible no hacerse fan inmediato (el género documental, además, ha ganado muchos enteros gracias a él). Probablemente Searching for Sugar Man no sea la mejor película del 2013, pero nadie puede negar que contiene la mejor historia. Clásico imprescindible. 
 


Laurence Anyways

Un profesor de literatura, profundamente enamorado de su novia, decide a convertirse en lo que siempre ha sentido ser: una mujer. Hay films que solo se pueden adorar u odiar y este es uno de ellos. Melodrama intenso, grandilocuente, visceral, excesivo, irregular a ratos, genial y deslumbrante a otros, pero lúcido e interesantísimo siempre. Una de las grandes (impossible) love storiesdel año (o de la década), de esas que duelen y prenden en tu interior, nos ha llegado de la mano de Xavier Dolan, un brillante director de 24 añitos para el que el calificativo de “insultantemente joven” se queda corto. Con un portentoso y descarado dominio del lenguaje cinematográfico y narrativo (estética videoclipera, técnicas publicitarias, abuso de ralentis, Dolan no tiene miedo a experimentar con nada) se nos dibuja una doble historia de amor: la del personaje principal y el amor de su vida (mais quel amour!) y la del protagonista consigo misma. Film de culto instantáneo.


Gravity

Lo mejor de la película de Cuarón no radica ni en su adrenalínica historia, ni en la fabulosa interpretación de Bullock ni en su desarmante espectacularidad visual. Lo que hace que la adoremos e inclinemos la cabeza ante ella, es que nos ha hecho recuperar la inocencia cinematográfica en pleno siglo XXI. ¿Sentirían lo mismo los espectadores de La Guerra de las galaxias hace casi 4 décadas?



La vida de Adèle (La vie d’Adèle)

Si Gravity te hace experimentar emociones y sensaciones que no has sentido hasta la fecha, el polémico film de Abdellatif Kechiche te brinda una experiencia similar, pero en un terreno mucho más emocional e íntimo. Tanto te acerca a la piel, la psicología, el corazón y los ojos de la protagonista, que incluso te hacer sentir un intruso o un voyeur. Y es que se sale de esta vida de Adèle emocionalmente noqueado e incapaz de digerir crudo semejante e intensísimo pedazo de vida. Mención aparte merece su actriz protagonista, Adèle Exarchopoulos, de la que resulta imposible no preguntarse, en algún momento, si realmente pertenece a este mundo. Posiblemente, la mejor película del recién enterrado 2013.

 

De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru)

Que su argumento (o su horrendo tráiler) no despiste a nadie: lo último de Kore-Eda no es “telefilm material”. Sorteando, en todo momento cualquier atisbo de sentimentalidad facilona o ñoñería, este estupendo director consigue conducir hábilmente la sensible y dolorosa historia, de tal forma que todo resulta tan fluido, que da la impresión de haberse “rodado solo”. Aunque tal vez lo mejor de la que fue mi película favorita en el último Zinemaldia, es que la reflexión y el nudo en la garganta que provoca no te abandona, incluso  meses después. Imprescindible.



Doce años de esclavitud (Twelve years a slave)

Poderoso retrato de lo mejor y lo peor y más vergonzoso del ser humano, 12 años de esclavitud nos hace transitar por la angustia, el dolor y el puro terror de lo que supone el robo de la identidad y el (mal)vivir de una vida que ha dejado de ser tuya. Pocas veces habíamos visto tan bien explicadas las distintas actitudes y puntos de vista sobre la esclavitud, sin embargo, no podemos olvidar que detrás de la cámara está el nada complaciente director de Hunger o Shame , ni tampoco que, en esta ocasión, el resultado final resulta demasiado pulido, “masticable” y limpio para la turbiedad y desgarro que la historia requería. A pesar de todo, notable, magníficamente interpretada y muy recomendable película.
Rescatables (o películas que me resultaron menos redondas, pero igualmente disfrutables)

Mud

Me gusta la definición que le ha dado un crítico: “cosa bella magullada”. Es difícil no tener grandes expectations con Jeff Nichols después de perlas como Take Shelter y Mud.Es un film de polaridades conciliadas: áspera/tierna, y brutalmente honesta/mágica, que rescata sabores de otras buenas películas (en este caso, para bien) y que nos vuelve a recordar que madurar es un continuo y doloroso “levar anclas” de las cosas para evitar que estas nos hundan. Además, está llena de buenas interpretaciones, desde un sorprendente y brillante McConaughey hasta el guapo chavalín que la coprotagoniza (talentazo a tener en cuenta).

Weekend

Es difícil resistirse a una historia de amor sencilla, emotiva, intensa y bien contada. Todo en Weekendrespira honestidad y cercanía. Los personajes se conocen, se reconocen y se enamoran, y el espectador se enamora con ellos. Además, ambos nos regalan una de las mejores escenas “de estación de tren” (¡que romántico y cinematográfico escenario!) que habíamos visto en mucho tiempo. Si, los dos lovers son hombres, y sí, hay gente que la ha etiquetado como queer y/o no la verá por prejuicios. Obviamente, esta mini recomendación no ha sido escrita para ninguna de esas personas.

El ultimo Elvis

Hay muchas psicopatologías para huir de la realidad y el argentino Armando Bo nos regala uno de los mejores retratos psicológicos del año: el de un hombre que, no sólo canta como Elvis, sino que se cree el rey del rock. Que sencillo y bien contado está este film. Que milimétrico resulta su guión. Que inmenso está su protagonista y que momentazos musicales nos regala. Qué lastima y que rabia que a este King argentine version no lo haya disfrutado casi nadie…


Las ventajas de ser un marginado (The perks of being a wallflower)

Ojalá el film de Stephen Chbosky hubiera llegado en mi adolescencia. De esa forma no habría tenido que estudiar psicología para aprender cosas como “aceptamos el amor que creemos merecer” (entre otras cosas). Un trio de personajes creíbles y queribles, una historia cálida, con encanto y mucha honestidad (más allá de los tópicos de los films iniciáticos),  fueron suficientes para tocar la fibra de la adolescente que vive (y vivirá siempre) en mi interior.

Gloria

Es difícil no rescatar doblemente a Gloria, como cinéfila y feminista, sobre todo cuando no se está acostumbrada, como espectadora, a ver retratos tan atractivos, tiernos y entretenidos de mujeres que bordean los 60 y demuestran que tienen mucho que decir y que vivir. Además, esta estupenda película chilena tiene uno de los finales (probablemente el final) más happy y buenrollistas del año.

Blackfish

Si el escalofriante documental de Gabriela Cowperthwaite está en esta sección, en lugar de la anterior, es porque su forma resulta bastante convencional, tal vez confiando en que la fuerza e interés del contenido lo contrarrestaría. Un poco de creatividad al estilo Searching for Sugar Man y probablemente estaríamos ante uno de los mejores documentales de la década.  A pesar de esto, Blackfish no sólo es uno de los must del año, sino que, aunque intentes olvidar muchos de los datos e imágenes que te muestra, ya nunca podrás hacerlo.


Tú y yo (Io e te)

Me aburre y no me importa un bel niente que los críticos sesudos de brazos cruzados la califiquen como una obra menor de Bertolucci. Su sencillez no es solo su carta de presentación, sino también su mayor encanto. No sé si será mi predilección por las películas de hermanos o por las escenas de baile en la que los protagonistas (re)conectan, pero si lo último del celeberrímo directore italiano fuese uno schifo (ma non lo è), valdría la pena salvarla sólo por esta deliciosa escena a ritmo de una versión marciana e italiana del Space Oditty.
Dimmi ragazzo solo dove vai? Perche’ tanto dolore? Hai perduto senza dubbio un grande amore…


En otro país (Da-reun na-ra-e-suh)

El prestigioso (y desconocido por estos lares) director surcoreano Hong Sang-soo ha estrenado, finalmente, una película en nuestro país y la elegida ha sido esta extraña, algo marciana, pero muy interesante película en la que 3 versiones de una misma historia (todas protagonizadas por una espléndida, as ever, Isabelle Hupert), convergen y se complementan. Puede gustar más o menos, pero resulta imposible no apreciar a un director personalísimo detrás de una propuesta fresca, estimulante y con encanto, de esas que muy raramente llegan a nuestra cartelera.

Rescatables al estilo Pau Casals


Una anécdota sobre Pau Casals y quedarse con lo positivo de las cosas en El último concierto ha sido la inspiración para rescatar detalles, ideas y sensaciones de pelis menos notables. Obviamente, rescato el guión de este, que contiene algunas perlas inspiradísimas de las que me he apropiado y que incluyo en el primer post.
El atlas de las nubes (Cloud Atlas)

No sólo nadie se acuerda de ella, sino que muchos las consideran, directamente, una porquería new age fallida. Sin embargo, y aún admitiendo que a su trio directoril se le ha ido la mano con el misticismo, rescato su valentía y entusiasmo por querer mostrarnos algo que no habíamos visto y por querer adaptar una novela tan complicada. La rescato, también, por las buenas interpretaciones e historias que sí contiene (la de Ben Whishaw y Jim Broadbent, especialmente) y, sobre todo, por descubrirme el que se ha convertido en uno de mis libros favoritos… y a su autor, David Mitchell.
To the wonder

Lo último de Malick tiene momentos tan fascinantes y subyugantes, que incluso, se pasa por alto o se perdona, cierta tendencia al subrayado o la reiteración machacona. Posiblemente, To the wonder no pretenda ser tan ambiciosa y redonda como su predecesora, ¿pero qué importa eso? Es cine de emoción que conmueve, invita a la reflexión y te lleva hasta donde se lo permitas. A mi me hizo cosquillas en la nuca. Merece que la rescate, aunque solo sea por eso.

La gran belleza (La grande bellezza)

Aunque, admitiendo que es una película notable, no siento la misma veneración hacia el film de Sorrentino que la gran mayoría de la gente.Sin embargo, rescato su guión y, especialmente, la que se ha convertido en mi frase favorita del año: “Un amico ha il dovere di farti sentire almeno ancora una volta bambino” (un amigo tiene el deber de hacerte sentir niño, al menos,una vez”.



Pendientes




Muchas, pero destaco, ante todo, Amor y casi todo el cine patrio.


Next year, si se estrenan, serán (muy) rescatables


Quai d’Orsay, Jeune et Jolie, Kaze tachinu (The wind rises), Pelo malo yDallas Buyers Club



*

Once escenas eróticas sin sexo

El sexo ya no vende en Hollywood. En parte porque su presencia obliga a subir la calificación de las películas, perdiendo una jugosísima porción de público y beneficios, y en parte porque al ciudadano medio le resulta demasiado light y decepcionante comparándolo con el material bastante más explícito que circula por la red.
El erotismo, por otra parte, siempre ha jugado a otro nivel. Obligado a disfrazarse con trajes mucho más sutiles, creativos e imaginativos, desde que el cine se convirtió en entretenimiento de masas, fue inspirado y puesto a prueba, al mismo tiempo, durante la primera mitad del siglo XX, cuando la censura siempre hacía su trabajo; y, aunque no de forma tan sugerente, nos ha seguido sorprendiendo, ocasionalmente, hasta  la actualidad.

Tal vez porque ya hemos perdido la “inocencia cinematográfica” y nos sentimos saturados y aburridos como espectadores, agradecemos especialmente cualquier estimulante muestra de creatividad, imaginación e ingenio. Estas once escenas eróticas sin sexo nos recuerdan, por si en ocasiones lo olvidamos, por qué el cine nos gusta tanto.
[No recomiendo el visionado de ninguna de ellas a menos que se haya visto previamente la película de la que forman parte. Por si solas, perderían gran parte de su fuerza y magia]

 

El lanzamiento de cuchillos de La chica del puente “La fille sur le pont” (Patrice Leconte, 1999)

La zona del cerebro que se activa cuando sentimos terror es la misma que se enciende ante una experiencia placentera. Estos dos aparentemente opuestos circuitos compartidos están impecablemente ejemplificados en la escena más mítica de La fille sur le pont  Vanessa Paradis no sólo pasa miedo por voluntad propia, sino que pone su vida en manos de un lanzador de cuchillos con orgásmicos resultados. Independientemente de las tendencias masoquistas del personaje que interpreta la guapa actriz, nadie puede negar que se trata de una de las escenas eróticas más evocadoras, sutiles e impactantes de la historia del cine.

 

El retrato de Rose en Titanic (James Cameron, 1997)

Aunque el multioscarizado film de James Cameron resulta notable como película  de catástrofes, su love story, sin embargo, resulta algo simplona y tontaina. En mi caso concreto, confieso que la pareja Winslet-DiCaprio siempre me ha rechinado sobremanera y no precisamente por sus cualidades actorales. La Winslet me parecía demasiado mujer para aquel esmirri con cara de nena que, por aquel entonces, era Leonardo DiCaprio. Sin embargo, siempre he aplaudido la osadía de Cameron al incluir una escena tan poco familiar, pero, al mismo tiempo, tan elegantemente erótica como la del retrato de Rose. Y es que el hecho de que acaricien por primera vez tu cuerpo con los ojos y lo plasmen detalladamente sobre un lienzo, tiene su aquel…

(No he podido encontrar la escena completa. Los enlaces buenos desaparecen a la velocidad del rayo debido a las reclamaciones de corpyright la Fox. Sorry)

 

El baile en el embarcadero de Picnic (Joshua Logan, 1955)

Picnic derrocha libertad, amor y sexo en un ambiente ultra conservador y represivo (A.K.A un pueblo perdido de Kansas en plenos años cincuenta). Todos estos elementos se condensan y magnifican en una inolvidable escena que ya ha pasado a la historia del cine como uno de los bailes más eróticos de todos los tiempos. Y es que Kim Novak y William Holden, pareja sexy donde las haya, derrochan sensualidad y complicidad. Su baile prohibido es todo un liberador soplo de aire fresco en una América de lo más tradicional y encorsetada. Ambos nos demuestran que para hacer saltar la alarma de la censura no hace falta ni desabrocharse un botón.

 
El baño en la fuente de Expiación, más allá de la pasión “Atonement” (Joe Wright, 2007)

La tensión sexual no resuelta entre Robbie y Cecilia sale a la luz antes de la nota, del vestido verde y de la ya antológica escena de la biblioteca.  Ella no lo sabía (él siempre lo supo), pero el día más caluroso del año se convirtió en el último empujón que necesitaban sus resistencias, alimentadas durante años, para caer y desnudarla por completo.
Calificada por algunos como “erotismo de anuncio de perfumes”, el baño de Cecilia resulta especialmente sugerente y revelador porque de todos sus testigos, incluido el propio espectador, la más sorprendida de su reacción es la propia Cecilia: acaba de realizar una locura de lo más desinhibida (¡y en la Gran Bretaña de los años 40!) que sería incapaz de realizar delante de ningún otro. That must be real love…

 
El cruce de miradas de El manantial “The Fountainhead” (King Vidor, 1949)
Confesión: esta es la elección menos sutil y descaradamente freudiana de la lista. Dominique Françon, una mañana, paseando por la cantera de papá, se topa con un apuesto sudoroso taladrando firmemente una pared de roca (¿a alguien se le ocurre un símbolo más fálico?) y su mundo de deidad griega se derrumba. Lógico y normal si tenemos en cuenta que la magnética y testosterónea estampa pertenece, nada más y nada menos, que a Gary Cooper que estás en los cielos manejando con destreza un black and decker primigenio. A partir de ese encuentro, lleno de reveladoras miradas en plan “me pones”, “lo sé”, la pobre Dominique, la mujer que aseguraba que nunca amaría o pertenecería a nadie, sólo tiene cabeza para taladros, mármoles y rascacielos altísimos…

 
La canción sobre el piano de Los fabulosos Baker boys “The fabulous Baker boys” (Steve Kloves, 1989)
Cuando el trío musical de Los fabulosos Baker boys se transforma, temporalmente, en dúo, resulta evidente para todos que, en esta ocasión concreta, tres son multitud. Sin el rígido y metódico hermano mayor, la atracción que existe entre Pfeiffer y Bridges se libera en forma de canción… ¡y sobre un piano! Michelle Pfeiffer nunca ha estado más sexy y felina que en este momento (ni siquiera como Catwoman). ¿Se habrán olvidado ambos intérpretes del hecho de que hay un público que sigue todos sus movimientos? Si esta sensualísima complicidad entre cantante y músico no es la expresión de otro tipo de complicidad, no necesariamente musical, ¿qué es? 😉

 
La tormenta de arena de El paciente inglés “The English patient” ( Anthony Minghella, 1996)
Almásy (Ralph Fiennes) y Katherine (Kristin Scott Thomas) quedan atrapados en un jeep durante una poderosísima tormenta de arena y la tensa relación amor-odio que mantienen desde que se conocieron queda temporalmente enterrada, como el propio jeep. Un lugar tan sólido y seguro contiene, a duras penas, la creciente intimidad y el eléctrico erotismo de dos seres que están destinados (o condenados) a ser amantes, a pesar de ellos mismos. Él la acaricia con las mejores armas que tiene (su voz y sus historias), antes de atreverse a tocarle suavemente el cabello. Ella, por su parte apoya su mano contra el cristal, dibujando su rendición y su deseo.

 
El robo del libro en Lo que queda del día “The remains of the day” (James Ivory, 1993)
Es difícil imaginar a un personaje más estoico, distante, imperturbable y emocionalmente reprimido que el que interpreta Anthony Hopkins en la estupenda Lo que queda del día. Nada parece atravesar su manto de hielo hasta el ama de llaves (Emma Thomson), de quien está secretamente enamorado, irrumpe en su habitación y le pide que le enseñe el libro que está leyendo. Ante su negativa, ella imagina que se trata de una novela erótica y se acerca a él para comprobarlo, multiplicando, a cada paso, la tensión entre ambos. Tras un breve forcejeo,  mientras Thomson logra arrebatárselo y examinarlo (visiblemente decepcionada), vemos reflejados en los ojos de Hopkins todo un universo de amor y deseo dolorosamente contenidos. En un primer visionado puede parecer demasiado sutil, pero durante años Emma Thompson ha asegurado que se trata de la escena más erótica que ha rodado jamás. Por algo será.

La pregunta adultera de Take this waltz (Sarah Polley, 2011)
Michelle Williams es una mujer casada y adicta al enamoramiento (que no al amor), que un buen/mal día, inesperadamente, se enamora de su vecino. Cuando las grietas de su matrimonio y la atracción que siente por este otro hombre resultan más que evidentes, Williams, que hasta ese momento había creído mantener a raya a su deseo, se tropieza de lleno contra el preguntándole a su potencial amante “qué le haría”. El chico, solícito, le narra al detalle, con intensidad, sensualidad y delicadeza, todos y cada uno de los detalles gráficos de su particular fantasía amatoria. Nosotros, como testigos, casi tan abrumados como ella, no podemos evitar pensar, no sólo que no deberíamos estar allí, sino que pocas veces (más bien nunca) nos habían instado a utilizar la imaginación erótica con tanto detallismo.
[No he podido encontrar la escena entera. Sorry again]

 
El erótico duo al piano de Stoker (Park Chan-wook, 2013)
Es una verdadera lástima que el guión de este prometedor thriller psicológico no esté a la altura ni de sus estupendos interpretes ni de su inquietantísima y claustrofóbicamente incestuosa atmósfera, sin embargo, nos ha regalado algunas escenas memorables, entre las que destaca el intenso y elegante duelo al piano entre Matthew Goode y Mia Wasikowska (tío y sobrina en la ficción) que se arrancan metafóricamente la ropa y “consuman” su censuradísima unión, expresándose a través de las teclas de un piano. En mi modesta opinión, una de las mejores escenas del año.

 
El inflamiento de urgencia de Air Doll “空気人形, Kūki Ningyō” (Hirokazu Koreeda, 2009)
Aunque resulta demasiado bizarra y poética para contentar a la mayoría de los paladares, y hay quienes incluso la sitúan entre lo peor (o lo más fallido) de su cada vez más ilustre director, confieso tener cierta debilidad por la historia de esta inquieta muñeca hinchable que cobra vida y vive una doble ídem. Hay una escena, tal vez la más raruna de toda la película, que resulta tan sugerente y metafórica que no he podido evitar incluirla como broche final. La muñeca-mujer se pincha en un dedo, cual bella durmiente, y comienza a desinflarse con peligrosa rapidez. Afortunadamente, el chico del que está enamorada acude a socorrerla y es su aire lo que la va rellenando… hasta salvarla, finalmente.   

 

*

 

61 edición del Zinemaldia: Perlas y super perlas

Las comparaciones son y siempre serán odiosas. En mi caso, por muy buena que resulte la cosecha festivalera del año, y a pesar de que siempre haya, al menos, una o dos perlas que deslumbren y destaquen muy por encima de la media, hay una edición y una película que permanece imbatible en lo alto de mi top: The Artist. Desde que la descubrí, he tratado de que una película me llene e ilusione tanto como en su momento lo consiguió el delicioso film de Michel Hazanavicius. Este año, desgraciadamente, tampoco ha sido una excepción.

Dicho lo cual, he aquí the best of esta 61 edición, ordenado sin orden ni concierto, salvo las dos últimas (y únicas) super perlas.

 

Perlas y super perlas

Pozitia copilului (Child’s Pose/La postura del hijo)(Perlas)

Hay una escena poderosísima y escalofriante en el último oso de oro del festival de Berlín que define y resume a su personaje principal. Una adinerada y culta mujer de mediana edad conversa sobre su hijo con su asistenta y le pregunta a esta si el joven ha leído un libro que le regaló. Tras contestarle negativamente, la asistenta se dispone a dar su opinión sobre un libro que ha leído recientemente y que le ha gustado mucho. Su jefa la corta en seco: los gustos literarios de una “simple” señora de la limpieza no existen para ella. Su opinión no le interesa.
Pozitia copiluli es una crítica contundente hacia los nuevos ricos rumanos cuyo privilegiado estatus les hace creer que se encuentran por encima de todo y de todos. Con un guión preciso y potente y un clima tenso, áspero y angustioso, una mater terribilis (excelente Luminita Gheorghiu) demostrará hasta qué punto está dispuesta a llegar para salvar de la cárcel a un hijo con el que mantiene una edípica relación de dominancia. Muy recomendable.
 
 
 
 
Prisoners (Prisioneros) (Proyección especial)

Lo que consigue este intenso y sólido thriller de Denis Villeneuve está al alcance de muy pocos. Y es que, como espectador, enfrentarse a una película de dos horas y media de duración a las 9:30 de la mañana, con el cansancio acumulado del octavo día de festival y, a pesar de todo, no sólo no aburrirse en ningún momento, sino mantener clavadas las uñas en la butaca durante todo el metraje, dice mucho de la calidad de Prisoners. Y si está dirigida con maestría, estupendamente interpretada (¡que repartazo, mamma mia!) y el guión está bien hilvanado y contiene alguna de las escenas más angustiosas que has visto en mucho tiempo (¡esa carrera en coche a contrareloj con el ojo ensangrentado, ay!), ¿qué es lo que le impide un puesto de honor en el top? Pues que en mi galería particular de películas memorables este “yo por  mi hija mato” resulta entretenida, contundente y muy bien realizada, pero ni me deja ningún poso ni me llega al corazón. ¿Será por el hecho de haber adivinado el final?

 

La herida (Sección oficial)

Ana no lo sabe, pero padece un trastorno límite de la personalidad (o borderline). Una patología psiquiátrica grave que ya conocimos en Los 400 golpes, Inocencia interrumpida, Un tranvía llamado deseo o Cisne negro. La diferencia es que, en esta ocasión, la cámara la sigue tan cotidianamente cerca, tan a ras de piel, que no podemos escapar del infierno de su protagonista, aunque no lo entendamos y no logremos empatizar con su universo caótico y sus incomprensibles cambios de humor.
La herida es una película en la que pasa mucho y nada, en la que lo que se cuenta es tan importante como lo que se silencia. El mundo emocional de Ana y su aburrido/triste/anodino/angustioso día a día son los protagonistas absolutos. No hay grandes acontecimientos y el arco dramático de la protagonista es neutro. Sin embargo, es una película valiente, cercana, honesta, con una protagonista tan absoluta e inmensa que jamás podrás olvidarla. Hay quien la considera fría y desagradable, pero La herida es como una mano que se escapa fuera de la cama, cuando despiertas, triste, en medio de la noche, aunque sepas que, en realidad, no hay nadie para acariciártela.
 
 

Club Sandwich (Sección oficial)

Paloma y Héctor, su hijo adolescente, pasan unas cortas vacaciones en un aisladísimo resort prácticamente habitado por ellos mismos. Se dan mutuamente cremita, van a la piscina y encargan sandwiches por teléfono. Durante una media hora larga, el espectador asiste impaciente a lo que parece una presentación de personajes inusualmente larga o una comedia del tedio, pero la curiosa versión de where is my mind? de los títulos de crédito le animan a seguir buscando el tesoro escondido que aparece, de repente, encarnado en Jazmín, una muy lolitesca veraneante adolescente del mismo resort. En ese momento, los dos jóvenes son abducidos por una imparable efervescencia hormonal (que no lo llamen amor cuando quieren decir…). Paloma, que se lleva extrañamente bien con su hijo (de hecho, el suyo es el segundo complejo de Edipo de la edición), es testigo impotente, rabioso y asustado de este inevitable y muy ácido intento por cortar ese cordón umbilical invisible que siempre ha estado presente entre ambos y que desplaza su centro. Tan divertida como melancólica, Club Sandwich es un ejemplo perfecto de lo mucho que se puede contar y abarcar con una anécdota pequeñísima.

 

Gloria (Perlas)

De Chile nos llega una película que no habíamos visto antes. El retrato desarmantemente honesto de una mujer que bordea los 60 años y que nunca le habrían ofrecido a Meryl Streep. Gloria no es la  madre del/de la protagonista y su rol maternal sólo es una faceta más de su personalidad. Lleva años divorciada, sus hijos son independientes y se enfrenta a la tristeza, la soledad y los huecos que siente buscando “tapones emocionales” en los lugares y personas equivocadas. La seguimos con complicidad durante todo el metraje porque su extraordinaria protagonista femenina (Paulina García, otra de las grandes actrices de una edición festivalera llena de personajes femeninos potentes) es tan querible y creíble desde su primera escena, que no podemos resistirnos ni a su ternura, ni a su valentía, ni a su encanto, ni a su, a veces, patética, dependencia emocional. Y después de reír y emocionarnos con ella durante una hora y media larga, llega el catártico y perfecto final y nos sentimos tan exultantes y llenos de vida, que se nos han olvidado los defectos del film (que los tiene). Simplemente asumimos que jamás podremos volver a escuchar la famosa canción de Umberto Tozzi sin pensar en Gloria.

 

Dallas Buyers Club (Perlas)

1986. Ron Woodroof es un hombre drogadicto, homófobo y mujeriego al que el mismo día en el que le diagnostican SIDA descubre que sólo le quedan 30 días de vida. El medicamento recomendado por aquel entonces (el AZT) resulta ser una bomba tóxica que debilita a los pacientes hasta el borde de la muerte. Woodroof decide entonces negarse a tomar esta droga letal y, en un acto de tenacidad y valentía, planta cara a la industria farmacéutica (y a la institución médica) creando una red de distribución de medicamentos ilegales que ayudaron a muchas vidas a combatir la enfermedad.
Este 2013 está siendo el año de lucimiento interpretativo de actores y actrices que no tenían, precisamente, los favores de la crítica. ¿Habrá alguien que considere que Matthew McConaughey y Jared Leto son malos actores tras verlos brillar en Dallas Buyers Club? Sus actuaciones (y sus escalofriantes transformaciones físicas) eclipsan tanto este resultón biopic que el film ha sido acusado (injustamente, desde mi modesta opinión) de mero vehículo de lucimiento. Sin embargo, sus dos horas pasan en un suspiro y te contagian su inherente alegría. Que nadie espere una Philadelphia 2 u otro Biutiful, el humor y la particular idiosincrasia del personaje de McConaughey marcan el tono de un film que se desinfla un poco en su último tramo, pero que resulta intenso, honesto y de lo más disfrutable.

 

Kaze tachinu (The wind rises) (Perlas)

En una desafortunada coincidencia, la última película de Miyazaki y el Futbolínde Campanella fueron proyectados prácticamente a la misma hora del mismo día. Había que elegir. Teniendo en cuenta la confirmación de la retirada del director japonés y el hecho de que no había visto ninguna de sus películas en pantalla grande (y que nunca más volvería a hacerlo) mi elección estaba clara. Afortunadamente, no me arrepentí.
La historia de Jiro, un niño que sueña con volar aviones y que acaba teniendo que conformarse con diseñarlos a causa  de su miopía (y que fue pieza clave a la hora de crear las flotas japonesas que se utilizarían en la segunda guerra mundial), en su momento, no me sedujo tanto como esperaba. Sin embargo, este melancólico drama histórico al que “le faltaba emotividad y garra” ha ido creciendo en mi recuerdo hasta el punto de que no puedo quitarme de la cabeza algunas de sus más deslumbrantes, dramáticas y bellas escenas. Ya estoy deseando verla de nuevo (está vez bajo los efectos de un número de horas de sueño mínimas). Estoy convencida de que este bello testamento en forma de película podría crecer y crecer con los años hasta convertirse en super perla. 
 
 

 
Jeune et jolie (Joven y bonita) (Perlas)

Pocas películas de esta edición me han resultado más incómodas y, hasta cierto punto, hirientes, que la última y estupenda película de François Ozon. Mi deformación académica me obliga continuamente a buscar respuestas a comportamientos (explicaciones que no siempre encuentro y que no siempre se dan). Además, como mujer, me resulta difícil empatizar con la elección de su protagonista femenina, una chica bellísima sin ninguna patología, trauma o problema aparente que, en su despertar sexual, decide que lo que le realmente le excita es cobrar por acostarse con absolutos desconocidos. Hay que aplaudirle a Ozon su valentía y sutileza. Jeune et jolie no tiene moralina y no se posiciona, no critica a su protagonista, ni intenta victimizarla o lograr que nos caiga bien. Tampoco ofrece respuestas a su “sexualidad alternativa” y su final es abierto y tiene múltiples interpretaciones o lecturas, sin embargo, mientras tratamos de ahogar los inevitables porqués, descubrimos que el film es un canto a la libertad vital. Otras opciones son siempre respetables y posibles, aunque no las compartamos y, emocionalmente, no podamos comprenderlas (la película ganó el premio Otra mirada, un galardón con el que se reconoce a las películas que hablan de temas cercanos a la mujer). Puede que Jeune et jolie pudiera haber sido aún más incisiva, pero, a pesar de todo, resulta bella… y necesaria.

 

 

Pelo malo (Sección oficial)

Para ser justa con la flamante ganadora de la última concha de oro, he de admitir que ya me había ganado desde su sinopsis. Mi intuición me decía que había algo especial en Junior, un niño de 9 años cuya máxima preocupación y aspiración aparente era alisarse el “pelo malo” para parecerse a un cantante de moda. Y es que tras la intrascendente anécdota capilar se esconde una metáfora  de una lucha y un sueño imposibles por mantener la identidad (y la otredad) en un ambiente hostil, represivo e intolerante que solo acepta entre sus miembros a soldados o princesas. Pelo malo viaja brillantemente desde lo personal y concreto a lo general, de adentro a afuera, y la radiografía de una familia uniparental y disfuncional en la que una madre no puede ni sabe aceptar y querer a un hijo “diferente” se extiende a los paupérrimos, chabolistas y abotargados barrios de Caracas. A medida que avanza el metraje, mientras reprimimos el necesario abrazo a su protagonista, descubrimos que a la rebeldía ensortijada del pelo de Junior, a falta de espejos amorosos y cálidos en los que reflejarse, sólo le acaban quedando dos opciones. Ninguna es la que él necesita. Mariana Rondón, su directora, confesó que había hecho esta película para “curarse de tanta intolerancia”. Nosotros se lo agradecemos. Mucho.

 

Quai d’Orsay (Sección oficial)

El problema de la divertidísima y aguda sátira política de Bertrand Tavernier, es que si te despistas un segundo y un pensamiento personal y/o extra cinematográfico cruza tu mente, posiblemente, ya te has perdido alguno de sus corrosivos chistes. Así es la caricaturesca Quai d’Orsay. Tiene un ritmo tan frenético y resulta tan deliciosamente verborreica que acaba agotando al espectador no acostumbrado a tal despliegue de ingenio y elocuencia (o sea, a casi todo el mundo).

Su hilo conductor es el joven Arthur Vlaminck, un recién graduado en administración que ha sido contratado como jefe del departamento de “lenguaje” del ministro de exteriores para que le escriba sus discursos (y que éste, un desternillante Thierry Lhermitte, no pierda real y literalmente los papeles). Rodeado de personajes a cada cual más estrafalario, ignorante, torpe e incompetente, pronto comprobaremos que el personaje más “soso” de todo el inepto gabinete es el propio Vlaminck.

Con su jocosa, delirante, vacilona y necesaria última película, Tavernier apunta el cañón a la política de exteriores de su país y a esa cosa llamada burocracia y acierta de lleno. Merecidísimo premio del jurado al mejor guión.

 

Gravity (Perlas)

Como espectadora, cuando acudo al cine, ante todo, lo que espero es que me conmuevan, me sorprendan, y que, a ser posible, me lleven de la mano por algún atajo o camino que no haya visto ni experimentado antes. Gravity consigue todas estas cosas y recuerda por qué merece la pena seguir teniendo fe en una industria que hace tiempo que perdió el rumbo artístico y que, básicamente, sólo hace refritos en serie.
Cuarón es capaz de convertir a cualquier ateo del 3D en creyente practicante. La sensación de inmersión (y emoción) sumados a la deslumbrante belleza visual que provoca Gravity no se habían experimentado antes. Confieso que no me entusiasma el McGuffin del trauma maternal de Sandra Bullock, pero se lo perdono, es peccata minuta en comparación con todo lo bueno que ofrece esta estupenda película. En la rueda de prensa, con las retinas aún desbordadas de emoción y fascinación por el “pequeño milagro” que acabábamos de presenciar, los periodistas, en lugar de felicitar a Cuarón e hijo, le daban las gracias. Y no es para menos.

Pero tampoco sería justo no atribuir una buena parte del éxito del film a Sandra Bullock, que no sólo está soberbia (y da un zas en toda la boca a todos aquellos que la consideraban una mala actriz), sino que tiene el honor de ser la protagonista total y absoluta en un género “poco femenino” y a una edad “poco cinematográfica”. Hace 15 o 20 años, por ejemplo, habría sido impensable que una mujer de 49 años protagonizase un taquillazo de este estilo. Sí, definitivamente, algo está cambiando en Hollywood. Ya era hora.

 

 
Soshite chichi ni Naru (Like father like son)(Perlas)

Dos familias descubren seis años después del nacimiento de sus respectivos hijos, que ambos niños, nacidos el mismo día en el mismo hospital, fueron intercambiados al nacer. Por lo tanto, ambas se enfrentan al doloroso dilema moral de tener que elegir entre el hijo que quieren y con el que han creado un fuerte vínculo y aquel que realmente lleva su sangre.
Lo más interesante de la última película de Kore-eda, es que el drama y el conflicto que plantea sólo podría ocurrir en Japón, un país apegadísimo a férreas tradiciones culturales y familiares en las que el bien del individuo siempre está supeditado al deber, al bien común. En Occidente, el dilema no sería tan desgarrador y, probablemente, se resolvería de otra manera, pero esto es el país del sol naciente y las decisiones importantes que afectan a ambas familias las toma (incomprensiblemente a nuestros ojos) el padre de mayor estatus social (y el más tradicional).

En manos de otro director, Soshite chichi ni naru podría haber sido un cursi pastelito telefilmil, pero tras las cámaras está Kore-eda, un director inteligente y sensible que, sin caer en ningún momento en la ñoñería, consigue conducir hábilmente la dolorosa historia y poner al espectador, en todo momento, en la piel de sus protagonistas. Tal vez lo mejor que tiene esta maravillosísima película, es que el nudo en la garganta que provoca (acompañada de una sensación de plenitud), no te abandona. No sólo va ganando enteros a medida que la recuerdas, sino que no puedes evitar seguir reflexionando sobre ella e imaginando el futuro de ambas familias, dentro de unos años. Spielberg ya ha comprado los derechos para adaptarla. Esperemos que recapacite.

Mi película favorita de esta última edición zinemaldil. Imprescindible.
 


Pérdidas dolorosas por motivos ajenos a mi voluntad

 
 

The zero theorem (Perlas)

La vie d’Adèle (Proyección especial)

About time (Perlas)

Futbolín (Sección oficial fuera de concurso)
 
 
Perdidas no tan dolorosas

 

 Las brujas de Zugarramurdi (Sección oficial fuera de concurso)

Caníbal (Sección oficial)

 

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Dear Jesse and Celine,

He retrasado esta carta durante semanas, de la misma forma que se retrasa una conversación delicada con un ser querido, cuando tienes la certeza de que, tras ella, siempre habrá un irrevocable punto y aparte.
Soy consciente de que a nadie le gustaría cargar con semejante responsabilidad, pero confieso que durante 18 años habéis sido un modelo romántico y una inspiración creativa. Siendo siempre más mayores, experimentados y sabios, mi educación sentimental, altamente influenciable, os había escogido como la pareja modelo de la que, consciente o inconscientemente, siempre ha querido tanto escribir como formar parte.

Existe siempre una complicidad y apego especial cuando se asiste al inicio y consolidación de una pareja, especialmente cuando sus miembros son radiografiados de una forma tan mágica, inteligente e íntima. Aunque os resulte difícil de creer, después de casi dos décadas, existíais, erais para mi mucho más reales que la mayoría de las parejas que me rodeaban.
Sin embargo, en esta ocasión tenía muchas resistencias a reencontrarme con vosotros. Mi intuición me decía que Antes del anochecer estaría más cerca de Secretos de un matrimonio y Dos en la carretera que de Antes del atardecer y no estaba segura de querer enfrentarme al deterioro, desgaste y posible final de mi historia de amor favorita.
 
 
 
 
Tal vez calificar las secuelas del primer visionado como “síndrome de estrés post-traumático” resultaría un poco excesivo, pero me llevó un tiempo descubrir si el mal sabor de boca se debía al izquierdazo emocional o a si realmente no me había gustado la película. Tras mucho meditar, he decidido con tristeza que se trata de lo segundo.
Aunque es cierto que la complicidad y la enorme implicación, cariño y esfuerzo puesto por todo el equipo traspasan la pantalla, dejándonos, una vez más, con complejo de “voyeuristas emocionales”, y que hay un par de momentos cinematográficos de muchos quilates, confieso, no sólo que no os he reconocido, sino que os he echado de menos. No por el hecho de que, por primera vez, mostréis abiertamente vuestros defectos, contradicciones e hipocresías, sino porque en vosotros ya no encuentro la brillantez y chispa resultantes de la mezcla de dos personas admirables.  No hay ningún dialogo memorable, por mucho que algunos críticos califiquen el guión de aguda y amarga radiografía de la pareja (o, directamente, de obra maestra).
 
 
 


Y es que, Jesse, Celine, me duele decirlo, pero habéis envejecido muy mal, y no sólo físicamente. En lugar de 9 años juntos, y a tenor del enorme deterioro y rencor acumulados, parece que han transcurrido 20. El amor, como bien recalcáis, no es un cuento de hadas, y todas las parejas han de llegar, en algún momento, a asimilar esa amarga píldora, pero, ¿era necesario llegar a tales cotas de pesimismo, amargura y desencanto para explicarlo? ¿es que el amor, irremediablemente, es una sucesión de pocas sumas y muchas restas a lo largo de los años?

Parece como si hubieseis estado tan preocupados por mostrar una honestidad tan sumamente descarnada, y en convertir vuestros dolores, renuncias y reproches en las disputas perfectamente reconocibles de cualquier vecino que inoportunamente se cuelan a través de las paredes, que os habéis olvidado del hecho de que no queremos que seáis una pareja normal y corriente. No nos habríamos enamorado de vosotros, ni os hubiésemos seguido desde Viena a Paris y Grecia, si lo que tuvierais que mostrar o decir, ya lo conociésemos o lo pudiésemos trasladar a cualquier terrícola medio.

Aparentemente, había dos caminos fáciles para afrontar esta tercera entrega. O bien erais felices y comíais regalices o vuestra relación se encontraba peligrosamente al borde del abismo. A mí, francamente, me habría resultado mucho más interesante que hubieseis tomado el camino del medio, que hubiereis mostrado la apatía y el desgaste, pero también esa paz y confianza que se alcanza cuando caminas por la vida junto a la persona adecuada. Creo que os lo merecíais.

 
 

Tal vez lo mío no sea más que la dolida pataleta de una romántica impenitente, pero os perdono el viaje al lado oscuro con su gran dosis de amargura, erosión y desencanto, la peor calidad del guión, los tópicos y los chistes soeces que jamás habrían aparecido en las dos entregas anteriores (películas muy queridas para mi y que ya no voy a poder ver en una larga temporada), e incluso el hecho de que os hayáis mostrado, más que nunca, dolorosamente humanos, pero lo que no os perdono, queridos amigos, es el hecho de que hayáis dejado de ser dos seres extraordinarios.

Atentamente,

Alhy

 

P.S. Me ha sorprendido, además, que una pareja que habéis hecho de la buena comunicación vuestra marca de fábrica, de repente, os hayáis convertido en dos extraños que, prácticamente no han “llevado a su relación a la itv” desde la película anterior.

También choca el uso de la paternidad como elemento descaradamente dañino (o directamente contradictorio) de la felicidad en pareja. Primero Jesse se casa sin amor por culpa de un hijo inesperado, mientras que, años más tarde, os embarazaran tontamente con gemelas (WTF?) al poquísimo tiempo de estar juntos, condicionando de esta forma toda vuestra relación. ¿Es un mensaje anti-baby o un claro desprecio por la educación sexual básica? ¿cómo es posible que dos personas tan inteligentes, responsables y cultas cometáis el mismo evitable error dos veces?

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Paseando por la “green carpet”

El día mundial del medio ambiente es una excusa como otra cualquiera para acercarse a la faceta más verde y combativa (y no siempre conocida) de los miembros del séptimo arte. Lamentablemente, la eco-información suele limitarse a las caras más conocidas de la meca de Hollywood, y no tanto a actores, directores o escritores de otros lugares del mundo.

Por lo tanto, conscientes de lo injusto e incompleto de esta lista (hay más eco-warriors de los que pensamos en el armario y ayudando de forma anónima), los que sí pasean por la alfombra verde, son:

 
 

Robert Redford

Ecologista y activista desde los años 70 (época en la que ser eco aún no era trendy y en la que Sundance Kid comenzó a promover la energía solar), la lista de eco-acciones del multifacético actor es interminable: es administrador del Natural Resources Defense Council desde hace 30 años, ha hecho campaña a favor de las iniciativas locales para frenar el calentamiento global, ha luchado durante décadas para preservar espacios naturales, ha presionado al gobierno en apoyo a la legislación ambiental, lleva tiempo escribiendo multitud de artículos sobre el impacto del fracking en el planeta, y ha denunciado la relación de interés entre el gobierno y la industria petrolífera, además de la suicida dependencia hacia los combustibles fósiles. Por si esto no fuera poco, desde su  Sundance TV channel emite contínuamente documentales y programas “verdes”, y en 2007, fue declarado uno de los héroes del medioambiente por la revista Times.

 

Natalie Portman

Vegetariana desde niña, Portman ha participado en acciones y campañas de Global Green USA, una organización que se encarga de problemas mediambientales desde una escala global. Además, en lugar de limitarse a comprar ropa o zapatos veganos, Portman ha llegado a diseñar su propia colección. Por otra parte, nuestra beautiful girl favorita fue la voz de Gorillas on the brink, documental que denuncia las matanzas de gorilas en África central y los peligros y amenazas de los animales de los territorios vírgenes.

 

Leonardo DiCaprio

Rey de la ecología en Jolibú y “apoyator” de la mayoría de las eco ONGs del planeta, en 1998 creó una fundación que lleva su nombre para promover las causas medioambientales, centrándose en el calentamiento global, en las fuentes de energía alternativa y renovable y en la preservación de la biodiversidad del planeta.

Además, es miembro del Consejo Directivo de Green USA, es dueño de una residencia de paneles solares en California, posee un bloque de apartamentos llamado “Riverhouse” construido con materiales reciclables y conduce un coche híbrido, el famoso Toyota Prius.

Sin embargo, su mayor eco-aportación, ha sido la creación de un documental en el año 2006, titulado ‘11th Hour’ sobre el calentamiento global, actuando como narrador, productor y guionista. Y hace no demasiados meses, nos pidió (yo recibí su e-mail), a través de una petición de WWF, que salváramos los escasos 3.200 tigres que quedan en el planeta (donando un millón de dólares a la causa, of course).

 

Daryl Hannah

Cualquiera que esté dispuest@ a encadenarse a un árbol durante 23 días para protestar contra la demolición del mayor parque urbano del país en Los Angeles (y ser arrestad@ por ello) se merece un puesto de honor en la alfombra verde (además, esta no ha sido su única protesta y detención). Veggie desde hace décadas, la antigua sirena de Splash, además de recoger todos los animales abandonados que se va encontrando por L.A (Fernando Trueba dixit), lleva un estilo de vida de lo más verde, que incluye eco-casas (alimentadas por placas solares y huertos orgánicos included), eco-coche y eco-blog. Recientemente ha ganado el EMA’s Greenlight Award por su compromiso con el medio ambiente.

 

Pierce Brosnan

Además de embajador de UNICEF, el antiguo 007 también tiene licencia para preservar (es un chiste pésimo, I know). Que nosotros sepamos, ha respaldado una ley de economía sostenible más potente, suele apoyar con regularidad campañas y peticiones a favor del medio ambiente (es otro de los que “manda e-mails”) y ha denunciado el daño que el sonar de la marina yankee causa en la ballenas.

Pero cuando realmente ha sacado las uñas, ha sido para protestar contra las instalaciones de gas natural cerca de su hogar en Malibú. Además, Brosnan ha hablado en conferencias en apoyo de EPA (Environmental Protection Agency), y su eco-label quedó expuesto definitivamente, cuando en 1997 le concedieron el Environmental Leadership Award. Como dato curioso, desde el 2008 aparece en el Environmental Hall of Fame junto a su esposa.

 

Woody Harrelson

Vegano durante 25 años (lo cual equivale a 900 animales salvados por año y una huella ecológica menor que la de cualquiera de nosotr@s), el bueno de Woody, además de apoyar la agricultura ecológica, y de haber llevado la green-web Voice Yourself durante 10 años, ha centrado una buena parte de sus eco-esfuerzos en luchar contra la dependencia de USA hacia el petróleo, hablando en cualquier conferencia nacional o internacional en la que le cedan un micrófono.

En el 2009 recibió un diploma honorario de la universidad de New York por su contribución a la sostenibilidad y al medio ambiente, aunque, probablemente, él se siente más orgulloso de haber sido el responsable de que cortaran el tráfico del Golden Gate durante 6 horas por una protesta contra la tala de árboles milenarios.

 

Ed Begley, Jr

En nuestro país no es muy conocido, pero en USA todo el mundo sabe que nadie, absolutamente nadie, es más verde que él. Santo Patrón del medio ambiente desde los 60, Begley, Jr, entre otras iniciativas, lleva conduciendo un coche eléctrico más tiempo que cualquiera, su casa funciona por medio de energía solar y eólica, ha creado sus propios eco-cleaners, ha escrito guías para llevar una vida verde, tiene su propio programa de televisión (verde)  y su “uber greeness” es tan notoria, que resulta un chiste fácil en los programas norteamericanos (sin ir más lejos, en un episodio de Los Simpson, aseguraban que el actor conducía un coche impulsado por su propia auto-satisfacción).

 

Edward Norton

Con una familia tan comprometida como la suya (su padre y sus abuelos han sido abogados medioambientales y/o creadores de ONGs), a Norton no le quedaba otra que pintarse el rostro de verde.

Mr Norton se ha asociado con el programa de BP’s Solar Neighbors, que ayuda a poner paneles solares en las casas de personas con bajos recursos en Los Angeles. Además de presentar programas mediambientales en National Geografic TV, Norton  apoya ONGs como The Wilderness Society y Earthjustice. Durante el Maratón en beneficio a las tierras masai en NY, nadie se creía que uno de los participantes era el mismísimo Tyler Durden… y eso que siempre asegura coger el metro cuando visita la Big Apple…

 

Ted Danson

Casi nadie sabe que el mujeriego e inmaduro Sam Malone de Cheers comenzó la American Oceans Campaign en el 87 con la intención de proteger las costas y los ecosistemas marinos, y que, años después (concretamente en el 2002) esta organización se ha convertido en (la famosa para cualquier ecologista que se precie) Oceana. Su defensa de la conservación del mundo marino ha concienciado y despertado a muchos activistas a lo largo de USA, animándoles a firmar peticiones (I always do!), limpiar costas o cualquier evento o actividad relacionada con la protección del medio marino. Además, a lo largo de las décadas, ha donado un pastón a causas medioambientales (o eso dice él).

 

Harrison Ford

Indy ha formado parte del Conservation International’s Board of Directors durante 10 años y ha participado muy activamente en el trabajo de esta organización. La universidad de Harvard le concedió el 2002 Global Environmental Citizen Award y, en 2008, accedió a depilarse el pecho con cera para denunciar la deforestación (no se me ocurre un motivo menos gratuito para quitarse la camiseta). En honor a su defensa y protección de los animales, un par de científicos han bautizado a dos especies de insectos en su honor: Calponia harrisonfordi es un tipo de araña y Pheidole harrisonfordi, de hormiga. Seguro que a Han Solo le ha hecho ilusión…

 

Ian Somerhalder

Este guapérrimo gatófilo confeso de mirada infinita, ha demostrado saber aprovechar muy bien su tirón entre los nenes y las nenas fuera de la pequeña pantalla. Ha creado su propia ONG, la IS Foundationcon sede en varios países, cuyo objetivo es concienciar, educar y colaborar en proyectos que tengan un impacto positivo en el planeta y sus habitantes (la protección de las especies y su hábitat y la energía renovable son sus principales targets).
Somerhalder es embajador del World Environment Day(UNEP) de las Naciones Unidas y se ha cansado de recibir eco-premios. Además, participa con Go Green Mobile Power, dedicada de crear motores que funcionan con energía verde a escala mundial; y con New Leash On Life, organización encargada en acoger canes abandonados y convertirlos en guías para ciegos. Está empeñado en conseguir que el set de Vampire Diaries sea más eco-friendly, y asegura que, de no ser actor, se dedicaría de lleno a la energía alternativa y la conservación. Le creemos…
 
 

Hart Bochner
Nadie le conoce, pero este actor norteamericano es, tal vez, el que más ha contribuido a que la industria cinematográfica sea más verde (y no se le han caído los anillos por hacerlo de forma anónima).
Los rodajes casi nunca tienen en cuenta el medio ambiente: se montan y desmontan sets rápidamente, y se talan o modifican espacios,  sin reparar en el impacto que hacen en el environment a largo plazo. Además, por muy eco que presuman ser los actores, están acostumbrados a un nivel de lujo que, indefectiblemente, deja una eco-huella. Junto a algunos colegas de profesión, Bochner ha creado la Environmental Media Association (EMA), organización que se encarga de cambiar esa mentalidad derrochadora y de administrar “eco-labels” a todas las producciones que se los merezcan.
 
Y, por último, pero no menos Green…
 
 
George Clooney, que se apunta a un bombardeo, siempre que sea solidario, fue elegido para ser el director de  una empresa suiza para la investigación y el desarrollo de innovaciones para la producción limpia de hidrógeno y combustible. Además, Mr Nespresso tiene un coche eléctrico, fue quién lanzó la iniciativa ‘Oil Change‘ para denunciar la excesiva vinculación de Estados Unidos con el petróleo y formó parte de una campaña contra la recalcificación urbanística en el lago de Como (Norte de Italia), donde tiene una villa.
Su amigo Brad Pitt no le va a la zaga, a pesar de sus tropecientos churumbeles, sus miles de casas y (sospechamos), sus cientos de miles de lujos. Y es que su faceta solidaria también se extiende al medio ambiente, of course. Donó un millón de dólares para proteger una reserva africana, y tras el desastre del Katrina, fundó la Make It Right Foundation aprovechándose de una de sus pasiones: la arquitectura (ecológica). Esta organización se ha encargado de construir hogares robustos y ecológicamente sostenibles para los habitantes sin recursos de New Orleans.

 
 

Glenn “Cruella de Vil” Close demuestra no parecerse nada a uno de sus personajes más famosos, ya que trabaja con 2 organizaciones rescatadoras de canes, ha creado una doggie-web solidaria y, para más inri, es miembro destacado de Oceana.
Kevin Costner (¿quién lo diría del impulsor de Waterworld?) invirtió 15 años de su vida y 20 millones de dólares en construir una máquina de alta tecnología que separa el agua del aceite. Desde hace no demasiado tiempo, esta construcción ha sido adquirida por BP para limpiar las costas tras su última (e imperdonable) catástrofe marina.
 
  
También destacan notablemente Joaquin Phoenix, actorazo, vegano convencidísimo desde hace décadas, narrador de la escalofriantemente obligatoria Earhtlings y activista y participante de todas las campañas pro-derechos de los animales que hay; Mark Ruffalo y su lucha contra las compañías de gas; Alec Baldwin y su defensa de las energías verdes; Alicia Silverstone y su continua “publicidad” sobre el estilo de vida vegano; y Colin Firth que, al parecer, además de ser miembro de Oxfam, tiene un par de tiendas de comercio justo en London. El elegante actor asegura tajante “en lugar de ser un pedante que exhibe públicamente sus opiniones y sermonea a la gente, prefiero hacer cosas, involucrarme, poner mi dinero en las cosas en las que creo y aprender por el camino”. God bless, Mr Darcy!
 
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Actores que cantan asquerosamente bien

Algunos comenzaron su carrera puliéndose en los escenarios musicales, otros se lo tenían muy calladito (o bien se reservaban para la ducha) y, un número considerable, ni siquiera era consciente de su potencialidad vocal, pero todos ellos han demostrado tener un talento musical considerable.
En esta ocasión, y para variar el injusto “encajonamiento” de la clasificación femenina (sorry, girls!), voy a presentar a los actors-singers basándome en el impacto que sus cualidades vocales me suscitaron cuando las descubrí (bien por la agradable sorpresa de que supieran cantar o bien por su desarmante talento).
Antonio Banderas

Sabíamos que el malagueño internacional más saleroso sabía cantar (su suegra, Tippi Hedren, ya nos había advertido que no sabía cuál de las facetas artísticas de su son in law le gustaba más) y tras aquella Morena de mi corazón que se marcó en Desperado, ya no albergamos ninguna duda. Sin embargo, fue en Evita donde Anchonio tuvo la oportunidad de lucirse y demostrar que el musical también era lo suyo.

 Jim Sturgess

Jimmy no debería estar en esta clasificación porque la película en la que se le descubrió fue el musical Across the universe y su talento vocal, por lo tanto, se daba por sentado incluso antes de ver el film, pero Jim Sturgess es uno de mis brit boys favoritos (bueno, es uno de mis boys favoritos), está estupendo en este film (irresistible acento de Liverpool included) y este I’ve just seen a facees una de las mejores versiones de la cinta, así que, sintiéndolo por sus compañeros, tenía que incluirlo sí o sí.

 

Joe Anderson

A pesar de haberle descubierto en alguna película de época Victoriana, Mr Anderson ahora parece ligado en mi recuerdo al género musical. No sólo demostró que sabía cantar en Across the universe junto a Sturgess, sino que tuvo que aprender a tocar el bajo para interpretar al bajista de Joy Division en Control. Y, a juzgar por los resultados, no hace nada mal ninguna de las dos cosas. Me gusta mucho también su happiness is a warm gun, pero, en esta ocasión, he elegido…

Jack Black

Más o menos la misma cara que se le queda a John Cusack y Iben Hjejle, es la que se me quedó a mi al ver a Jack Black cantando este Let’s get it on en la mítica High Fidelity. Posteriormente, este carismático actor ha tenido la oportunidad de cantar en alguna que otra película (The School of Rock comes to mind), pero sigo prefiriéndole como ese talento musical que “sale del armario” con treintaytantos.

 

Joaquin Phoenix

Valiente y versátil actor capaz de meterse en la piel de un variado puñado de personajes (sin importar lo desquiciados, ruines y desagradables que puedan resultar de cara al público), vegano y activista de los derechos de los animales (es en narrador de Earthings, película que debería ser obligatoria), además de seguir maravillándonos con más y mejores personajes, ¿qué le quedaba por demostrar? Que sabía cantar como Johnny Cash en su biopic que y sus físicos dispares (hay casi 20 cm de diferencia entre ambos), se olvidaban y se reducían a nada.

 

Eddie Redmayne

Si rectificar es de sabios, admito que este chico me pareció un, como diría Keanu Reeves, “souso de coujounes” cuando le vi en A week with Marilyn. Tanto fue así, que casi no me podía creer que en su siguiente película, Les Miserables, aquel mismo sousolograse ponerme los hairs de punta y ganarse de un plumazo mi admiración con su interpretación de Empty chairs at empty tables. ¡Y es que, incluso, me mosqueé con el hecho de no lo nominaran como mejor actor de reparto en la pasada edición de los oscars!.

James Mardsen

Mardsen parece cortado por un patrón que lo convierte en el físico ideal para interpretar a guaperas insípidos de buen corazón que casi siempre pierden a la chica (véanse sus trabajos con Bryan Singer) o capullos psicópatas con desarmante pretty face (Gossip), pero tiene una de las voces más bonitas que se pueden escuchar en la big and small screen. Aunque tiene ya un par de musicales a sus espaldas Hairspray y Enchanted, yo me enamoré de su voz en la horrendus serie Ally McBeal. Si les parece que exagero, escuchen su Always on my mind y juzguen ustedes pisp@s 😉

  

Patrick Wilson

Ni el pelucón horrendo y antiestético que le plantaron y le volvieron, prácticamente, irreconocible (oh, my God, Patrick Wilson feo!), ni la ñoñería algo indigesta de las songs del musical El fantasma de la ópera (sorry, fans!), pudieron deslucir su estupenda voz. El Búho Nocturno II de Watchmen, curtido en musicales varios antes de convertirse en un rostro conocido, es un talentazo musical innegable. Su madre es cantante y profesora de canto, así que, en su caso, los genes y la suerte juegan un poquito a su favor. ¿Por qué no cantará más a menudo?

Hugh Jackman

Sobre un escenario es difícil encontrar a un actor más completo que nuestro Lobezno favorito. Es todo un showman (¡vuelve a presentar los oscars, Hugh, please!), es carismático, simpático, tiene talento, resulta super atractivo, baila y… canta, of course. Lo que much@s no sabíamos, es que lo hacía tan bien. El Jean Valjean del musical Les Miserables es un personaje que parece creado para su único y exclusivo lucimiento. Aunque eclipsado por la enorme Hathaway, junto al resto del reparto, el bueno de Hugh se ha entregado en cuerpo y alma y nos ha regalado el mejor personaje de su carrera hasta la fecha.

Ewan McGregor

Aunque ya había hecho sus pinitos cantarines en Velvet Goldmine, nadie podía imaginar que el escocés más versátil y resalao del mundo nos podría deslumbrar tanto con sus cualidades vocales en la deliciosa Moulin Rouge, demostrándonos, que su singing voice era tan o más bonita que la que ya conocíamos. Y es que no se le puede pedir más a McGregor en esta película. Talentoso, charming (esa desarmante sonrisa infantil tan suya), tierno, romántico y guapísimo. Resulta prácticamente imposible no enamorarse de él tras verlo interpretar Your song. Está para comérselo.

Paul Giamatti

Guardo en un viejo VHS una copia de Duets que grabe, por pura curiosity, a long time ago y creo que puede haberse llegado a rayar por la cantidad de veces que he visto la que se ha acabado convirtiendo en mi actuación musical preferida fuera de un musical. No me explico cómo nadie conoce una escena que es pura magia, y no sólo porque Paul Giamatti, uno de mis actores favoritos, cante fenomenal, sino porque la química con el otro actor (que, curiosamente, fue doblado por un profesional) es, simplemente, brutal. Dos losers que no se conocen de nada, de repente, conectan (¡y de que manera!) cantando una canción maravillosa. Sí, Otis Redding estaría orgulloso de este Try a Little tenderness.

 

Y, con esto, un bizcocho y un sincero sorry hacia los talentos que no he descubierto o he olvidado, aquí acaba mi especial de actrices y actors que cantan asquerosamente bien J

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Actrices que cantan asquerosamente bien

Aunque el musical no haya vuelto a brillar en todo su esplendor desde los años 50, un puñado de actrices ha demostrado que, de haber nacido unas décadas antes (o de haberse inventado la máquina del tiempo) no habrían desentonado en absoluto cantando y bailando junto al elegante Fred Astaire o el genial Gene Kelly.
Descartando a todas esas mujeres asquerosamente polifacéticas que han compaginado con éxito las profesiones de actriz y cantante, a aquellas que se dieron a conocer en un papel musical, y a esas actrices cuyos gorgoritos, desgraciadamente, aún no he tenido el privilegio de escuchar, las actresses que más me han impresionado por sus dotes vocales, quedan ordenadas en tres categories:
Little sparrows

Entiéndase por gorrioncillos a esas mejores actrices que cantantes que, aunque tienen poquita pero bonita voz, logran transmitir y encandilar gracias a su gran talento y charme.

Michelle Pfeiffer
Si alguien ha visto hace tiempo Los fabulosos Baker boys, puede no recordar su voz, pero lo que nunca olvidará, es la sensualidad eléctrica de la actriz más gatuna de la historia, recostada sobre un piano, enfundada en un vestido de terciopelo rojo…
 
 
Evan Rachel Wood
Across the universe fue, además de un experimento bittersweet para todos los fans de los fab four, una cantera de talentos. Ms Wood brilla más en los momentos dramáticos que en los musicales, pero su clean voice tampoco pasa del todo desapercibida…
 
 
Nicole Kidman
Cuando Moulin Rouge llegó a las pantallas hubo quien se resistió a creer que la talentosa pelirroja (¿alguien la recuerda más deslumbrante que en esta película?), además cantase bien. Y es que la envidia es muy mala…
 
 
 
Karaoke queens
 
Entiéndase por karaoke queens a todas esas actrices que, como cantantes, resultan más que competentes, aunque sigamos prefiriéndolas en su faceta puramente actoril.
 
 
Gwyneth Paltrow
La recientemente nombrada mujer más guapa del mundo del año por la revista People, ha demostrado sus dones vocales en más de una ocasión. La primera, a las órdenes de su papi en el infravalorado film Duets,donde se marcó un más que decente Bette Davis Eyes…
 
 
Jessica Biel
Confesión: ojiplática me quede al descubrir la voz cantaril de tan guapérrima mujer en los títulos de crédito de Easy Virtue. Curiosamente y, como en el ejemplo anterior, otro caso de actriz casada con cantante que, además, canta. Ya se sabe, Dios los cría…
 
 
 
Amanda Seyfried
Bellezón con una cristalina y afinadísima voice, que antes de encarnar a Cosette en Les Miserables, ya nos había demostrado que sabía cantar mejor que su talentosa madre en Mamma mia!…
 
 
Diane Keaton
En la deliciosa Annie Hall, Diane Keaton, además de enamorar a Allen, y de poner de moda un look muy masculino, aprende que detrás de una voz y un talento, ante todo tiene que haber una confianza que la module. Perfecta e inolvidable la transformación en mariposa que media entre su primera actuación musical y la última…
 
 
 
Total Pros
 
Entiéndase por Total Pros a esas afortunadas féminas que, además de buena voz, poseen ese ese je ne sais quoi extra que las hace brillar, y que, si quisieran (y la fuerza les acompañase), podrían convertirse en las reinas de Broadway.
 
Kate Hudson
Heredera del talento musical de su madre, Ms Hudson se marca un número Martini-musical en Nineque es, con diferencia, lo mejor y más memorable de la película…
 
 
Kim Basinger
Quienes aún no hayan escuchado cantar a la sensual Basinger, con su impresionante jazz voice, pueden acabar tan maravillados como Alec Baldwin y el resto de sus colegas en Ella siempre dice sí…
 
 
Imelda Staunton
Al ver el siguiente video, los (potterofilos) más jóvenes pueden pensar ¿es esto una reunión de Hogwarts? ¿qué hace Dolores Umbridge cantando mientras el Doctor House toca el piano y los tronados de Lockhart y Trelawney bailan?
Incomprensiblemente, esta estupenda actriz no ha vuelto a cantar, a pesar de marcarse una versión tan magica de the way you look tonight como esta…
 
 
Catherine Zeta-Jones
Antes de convertirse en la chica del Zorro, Zeta-Jones ya había hechos sus pinitos en varios musicales, pero después de verla brillar en Chicago, ya es imposible imaginarse una mejor Velma Kelly o una interpretación mejor de la mítica All that jazz. Confesión: cuando vi esta escena por primera vez en pantalla grande, además de los inevitables goose bumps, se me escapó una lagrimilla…
 
 


Anne Hathaway
Con su portentosa y desgarraadora versión de I dreamed a dream y su oscar aún recientes, escoger a Anne Hathaway para cerrar una lista de talentosas actrices-cantantes resulta una elección obvia pero obligatoria. ¿Habrá algo que esta chica haga mal?
 
 
 
 
Gentlemen next, of course 😉

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El atlas de las nubes: viaje de la película a la novela… y de vuelta a la película

Película
Desquiciante, confusa, irregular, megalómana, visualmente fascinante, pretenciosa y fallida. Estos eran, básicamente, los adjetivos con los que califiqué a la última película de los Wachowski & Co tras su primer visionado. En lugar de una película compuesta por seis historias interconectadas, tenía la impresión de haber visto seis películas al mismo tiempo. Sin embargo, y, por algún motivo, las horas y los días iban pasando y lo que parecía un producto ambicioso, pero perfectamente olvidable, seguía bullendo dentro de mi cabeza al ritmo de su maravillosa banda sonora. Descubrí entonces que algo había en aquel caótico puzzle de historias a través del tiempo y del espacio que merecía la pena ser explorado en profundidad. Y fue esa curiosidad felina la que me llevó a la novela.
 
 
Novela
Alguien ha comparado la lectura de El atlas de las nubes con escalar el Himalaya, por aquello de que resulta mucho más difícil la subida que el descenso.Tal vez sea porque, desgraciadamente, padezco mal de altura, o por cierta torpeza idiomática (cometí la inconsciencia de leerme el libro en inglés sin tener en cuenta que una historia estaba escrita en un pomposo english en desuso de hace dos siglos y otra en un aún más desquiciante “inglés” futurista degradado y casi irreconocible), pero suscribo rotundamente sus palabras. Es uno de los libros más exigentes que he leído, pero al mismo tiempo, uno de los más brillantes y fascinantes. Y es que cuando una novela te abduce a lo Bastián Baltasar Bux, hasta el punto de irritar tus ojos o provocarte agujetas, there must be something big.
 
 
Diferencias entre la película y la novela

 * Estructura
Si el film, con su caótico montaje en paralelo, no da tregua al espectador y le obliga, no sólo a mantener toda su atención en cada detalle de sus seis historias aparentemente independientes, sino a atar cabos entre ellas durante sus casi tres horas de metraje, la novela, por su parte, con su estructura matrioskil (o mise en abyme), en la que cada historia está imbricada dentro de otra, exige, no sólo atención al detalle, paciencia y buena memoria, sino una entrega y complicidad absolutas.
Y es que cada uno de los seis cuentos que componen la novela, está interrumpido en el nudo antes de pasar al siguiente y, una vez completado el sexto (el único que se presenta “sin cortes”), regresamos a cada uno de ellos en orden inverso (la estructura sería 1-2-3-4-5-6-5-4-3-2-1), volviendo al punto de partida.  ¿Estructura pretenciosa o retorcidamente original? Eso queda a juicio del lector.    
  

                                                 

Cada historia, además, está escrita en un estilo narrativo y en un género diferentes. Del melvilliano diario del Pacífico de Adam Ewing) saltamos a las Cartas desde Zedelghem, para pasar al thriller empresarial (Vidas a medias. El primer misterio de Luisa Rey), y, posteriormente, dar el salto al humor satírico inglés en forma de memoirs (El tremendo calvario de Timothy Cavendish), aterrizar en una sobrecogedora entrevista en un futuro distópico  (La antífona de Sonmi-451) y acabar en el relato oral de un no menos sobrecogedor futuro post-apocalíptico (El cruce de Sloosha y toda la pesca).
 
 
 
*         Tratamiento de las historias
Probablemente, hacer justicia a semejante material en un film de casi tres horas resulta una empresa suicida y quijotesca (tal vez una miniserie podría estar a la altura, pero solo tal vez). Los directores trazan líneas paralelas entre los personajes, situaciones y temas a lo largo de las historias, imponiendo una coherencia y homegeneidad en la narración y en el estilo que el libro original no tiene.
Todas las historias han sido simplificadas, mutiladas o vilmente alteradas, además de “romantizadas” y forzadas a encajar en un happier ending. Como ejemplos extremos, conservan, al menos, su esencia El diario del pacifico de Adam Ewing o El tremendo calvario de Timothy Cavendish, mientras que La antífona de Sonmi-451 (la mejor historia de todas, desde mi modesta opinión), ha acabado siendo, tristemente, la peor parada del conjunto.
 
 
Una historia compleja, apasionante y espeluznante (como cualquier distopia que se precie), y que da, ella solita, para una sola película, básicamente, ha sido reducida a una serie encadenada de secuencias de acción que son un refrito, no sólo de la película más famosa de los Wachowski, sino de otros clásicos de la ciencia ficción, desde Blade Runner hasta Tron. Si en lugar de crear escenas visualmente impactantes y románticas se hubieran encargado de explicar y desarrollar un poco más ese Neo Seul hiperconsumista y deshumanizado, el film habría ganado algunos enteros (y se deben, en parte, a la distorsión de este cuento distopico, y su relación con las demás historias, las duras críticas hacia el aire místico y new age, la espiritualidad de pandereta y la “profundidad paulocoelhiana”  El atlas de las nubes).   
 



El capítulo de Luisa Rey, muy a El Informe Pelícano, aparenta, en la gran pantalla, una seriedad y trascendencia que no tiene en el libro. Esta historia es una novela que un aficionado escribe y envía a otro de los protagonistas de El atlas de las nubes que trabaja como editor, así que se nos presenta como un material aparentemente mediocre, pero con el suficiente potencial como para que podamos disfrutarla. Posee fallos intencionados, “agujeros de guión” y cae en los estereotipos clásicos del género, por lo tanto, resulta divertido convertirse en editor, planificar qué cambiarías y qué no, o plantearse si la tal Luisa existió realmente dentro de la ficción de la propia novela.

 


Otra decepción llega de la mano de uno de los mejores personajes del libro, el joven compositor Robert Frobisher, que en la película pierde parte de su ambigua personalidad (y, sobre todo, de su oportunismo). Encantador nato, entabla una relación de parasitismo mutuo con un viejo compositor (ambos obtienen beneficios creativos y se aprovechan el uno del otro), cuando, en la película, acaba siendo retratado, simplemente, como la víctima.
 
 
*         Temas principales 
Según el propio David Mitchell, los temas principales de la novela son la causalidad y la depredación humana (las diferentes maneras y niveles en los que, individual y colectivamente, podemos explotar y aprovecharnos del otro), mientras que en El atlas de las nubes película, se enfatiza y subraya excesivamente, no sólo el tema de la reencarnación (mucho más sutil en la novela) sino el de la universalidad de la experiencia humana (“el amor lo conquista todo” o “una persona valiente puede cambiar el mundo” acaban cayendo en el cliché), descuidando la profundidad y los matices de la causalidad y la depredación. Un ejemplo sería el tratamiento de la esclavitud. En todas las historias se habla de las diferentes formas y niveles de esclavitud a lo largo de los siglos y sus causas y consecuencias, mientras que el film no se profundiza en ninguna de ellas.
En resumen, la enorme potencia visual del film made in Wachowski, no compensa el mayor atractivo de la novela: encontrar paralelismos entre personajes, situaciones y temas entre las seis historias. Sin embargo, y a pesar de no estar a la altura de su material original, ¿merece la pena ver El atlas de las nubes?
 
 
Película… again
Sorprendentemente y contra todo pronóstico, El atlas de las nubes gana en un segundo visionado a pesar de su irregularidad, sus historias descafeinadas, sus actores pluriempleados, su ocasional y ridículo maquillaje chanante y el hecho de saber que su fuente original es bastante mejor.  Y es que detalles y pinceladas que se te pasaron por alto, de repente, cobran sentido.
¿Será que solo pueden leer entre líneas (o fotogramas, más bien) los fans de la novela? ¿o que, tal vez, de la misma forma que la matrioskil novela de Mitchell no se aprecia ni se disfruta sin reflexión y sin un continuo esfuerzo por parte del lector, su versión cinematográfica tampoco se puede entender o valorar en su totalidad en un simple visionado?
¿Qué si es pretenciosa y megalomana? Pues sí, pero, salvando las distancias, 2001, una odisea del espacio, El árbol de la vida o la más reciente, The Master también lo son y eso no las convierte en peores películas.
 
 
Dicho todo esto, y a pesar de las comparaciones odiosas con la estupenda novela, rompo una lanza en favor de la versión cinematográfica de Tykwer y los Wachowski. Ha sido muy infravalorada por una crítica muy destroyer, cuando lo cierto es que resulta mucho mejor película que la media. Es ambiciosa y rompedora, está hecha con mimo y no se parece a nada de lo que hayamos visto anteriormente. Es un error enfrentarse a ella como si fuera “la más grande historia jamás contada”, sino que hay que verla sin expectativas ni prejuicios. Por lo tanto, por ahora, y a la espera de que el tiempo la coloque donde le corresponde, me sitúo en un prudente punto intermedio entre quienes la consideran una castaña y quienes ya la han etiquetado como masterpiece.
 
 
 ¿Que qué aporta de nuevo que no tenga el book? Lo  mejor: una maravilloserrima e hipnótica banda sonora que no puedes dejar de escuchar. Lo muy destacable: una factura técnica impecable y, en general, unas entregadas e inspiradas interpretaciones. Lo discutible: algún giro final nuevo e inesperado. Y lo muy apreciable: el irresistible pelo revolvible (y british accent) de Ben Whishaw 😉






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