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If you need me, whistle!

by Alhy K. Wood

Categoría

Freakismos

8×06 Game of Thrones: Shame! Shame! Shame!

Cuando Rose Leslie pidió a Kit Harington que le spoileara el final de GoT, esta decidió pasarse 3 días sin hablarle. Viendo el cierre de la serie estrella de la HBO no es difícil comprender el porqué.

A D&D les debemos haber sabido adaptar una de las series más apasionantes, inteligentes y adictivas de las últimas décadas. Todo lo que nos han regalado, desde personajes a subtramas, incluye, probablemente, lo mejor y más satisfactorio de todo: la experiencia global compartida, el geek pride, las conversaciones interminables y la continua elaboración de hipótesis y teorías que nos han hecho volar la cabeza. Todas estas vivencias están ahí, son nuestras, nadie puede arrebatárnoslas. Sin embargo, al mismo tiempo, los showrunners han demostrado que, volando por libre, alejados del asesoramiento de George R.R. Martin, no sólo no han sabido estar a la altura del genial y muy jugoso material, sino que, tristemente, han traicionado, aniquilado y desvirtuado su esencia.

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8×05 Game of Thrones: Lost… in the ashes

Esta es la review más dolorosa que he escrito nunca. Si bien es cierto que, casi siempre, redactar la reseña de una serie en la que has vivido intermitentemente (y en la que te has refugiado) los últimos 8 años de tu vida, aún en estado de shock, y sin ningún tipo de perspectiva, es muy poco objetivo, por experiencia sé que el feeling de decepción máxima, dolor y estafa acabarán pasando, pero que, como ya ocurriera con Lost (salvando las distancias, of course. Aunque con el tiempo acabas obviando su bochornoso ending y volviendo a las 3 primeras temporadas), este horrible desenlace siempre resultará igualmente insalvable, doloroso, barato y, por qué no decirlo, una bofetada para cualquier fan de la serie.

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8×04 Game of Thrones: Dracarys!

El episodio favorito de la octava temporada de Kit Harington, por una parte, nos devuelve a la eterna lucha por el poder y a las intrigas políticas y palaciegas que son la esencia de Game of Thrones, pero, por otra, nos confirma la incomprensible (¿y suicida?) elección de la HBO de finiquitar la final season en 6 miserables episodios. George, ahora entendemos por qué querías una novena temporada. ¡Nosotrxs también!

A partir de aquí, repaso de los principales protagonistas del episodio. Spoilers are coming!

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Ready Player One: Novela vs Película

The best Spielberg is back!

Pocas frases ilusionan más a un/a niñ@ ochenter@ que “¡el mejor Spielberg ha vuelto!”. Confieso que en un repaso a mi educación cinéfilo-sentimental, el rey Midas ocuparía un puesto de honor, seguido por George Lucas y, más que posiblemente, Robert Zemeckis. Las raíces de mi cinefilia, lo quiera o no, han sido plantadas y abonadas por estos 3 señores y, como todo el mundo sabe, la infancia es la patria de la mujer (y del hombre) y donde están tus raíces, está tu corazón.

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Momentazos de la sexta temporada de Juego de tronos (part 2)

 

La decepción se había apoderado de hasta el fan más acérrim@ de Juego de tronos. Tras los 5 notables primeros capítulos, el sexto, séptimo y octavo, a pesar de brillantes pinceladas puntuales, resultaron preocupantemente sosos, descafeinados y narrativamente insustanciales, centrándose en tramas secundarias o menos interesantes, incluyendo/alargando escenas prescindibles o abusando de anticlimáticas elipsis. Sin embargo, y para alegría de tod@s, los capítulos que han cerrado la irregular temporada, no sólo nos han hecho olvidar, de un plumazo, el mal sabor de boca, sino que han superado, en todos los niveles, tanto desde el punto de vista artístico como narrativo y argumental, los mejores episodios de la serie. Si quedaba alguna duda de que GoT acusaba signos de desgaste y no podía sorprender o reinventarse, se han disuelto por completo. Ya solo nos queda soñar a lo Bran con visiones futuras. ¿Lo mejor está por llegar? Repasemos, spoiler alert mediante, los motivos que nos animan a ilusionarnos:

 

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Momentazos de la sexta temporada de Juego de tronos (Part 1)

Las expectativas ante la sexta temporada de la serie más seguida del mundo llevaban meses cociéndose a fuego a causa de dos hechos insólitos hasta la fecha: estaría basada en material no publicado con anterioridad, adelantándose a Vientos de invierno, el sexto y antepenúltimo volumen de la saga (poniendo al mismo nivel de “no-tengo-ni-ideismo” al fan de la serie y al ávido lector de las novelas);  y resolvería el misterio de la dolorosa desaparición de Jon Snow, uno de los personajes más queridos (¿e imprescindibles?) de esta canción de hielo y fuego.

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My 100 favorite films of all time/ Mis 100 películas favoritas


¿Tod@ cinéfil@ que se precie tiene clarísimo su top 100 de películas favoritas? Si la respuesta es afirmativa, yo debo ser una excepción. No solo me ha costado horrores elaborar esta lista, sino que me siento culpable y dubitativa por todos los títulos que he tenido que dejar en el tintero.

Cualquier niñ@ de los 80 comprueba, tarde o temprano, que hay una serie de films míticos, que no sólo te marcaron en su esponjil momento, sino que te persiguen irremediablemente durante toda la vida (sí, las películas que pertenecen a los 80 y los 90 las ha elegido mi niña y mi adolescente interior. El resto, supongo que mi friki, mi romántica empedernida y mi psicóloga, entre otras). En fin, pasen y comprueben compatibilidades cinéfilas. 

Ordenadas alfabéticamente:

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La culpa fue de Alan Menken: canciones Disney que me marcaron I

Mi relación actual con la Disney más clásica se puede describir en una palabra: ambivalencia. Y es que, a estas alturas del “cuento”, no puede ser de otra manera. Aunque Disney tenga mucha responsabilidad en la imperdonable tarea de crear expectativas románticas imposibles en las niñas y adolescentes de todo el planeta, y haya contribuido, además, a alimentar los introyectos sexistas de los que aún nos estamos “sacudiendo”, resultaría injusto negarle una más que deliciosa “spoonful of sugar”: haber musicalizado nuestra infancia.

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Top Ten de peliculas para ver en Navidad

Por algún motivo que sólo los psicólogos más cinéfilos serían capaces de desentrañar, hay películas que apetece ver más en navidad.
 
El setting navideño/invernal o el buen rollo que algunas desprenden es sólo una excusa. En muchas ocasiones se trata de clásicos perfectamente apetecibles en cualquier momento del año.
 
Estos son algunos de mis menús más recurrentes en estas “entrañables fechas”, esos a los que me he sorprendido volviendo, año tras año, como si la navidad, desde mi cinefilia, fuera el día de la marmota…
 
 

Me enamoré de una bruja (Bell, book & candle)
 
Una felina y seductora Kim Novak, cansada de su condición de bruja, enamora y se enamora de un pasivo (y divertido) James Stewart durante una navidad. A causa de su “capricho humano”, su gato Pyewacket la repudia y su hermano (Jack Lemmon)” le toca los bongos”. Divertida, con un punto raruno y un reparto impresionante, Me enamoré de una bruja ha envejecido sorprendentemente bien.
 
 
 
 
Buscando un beso a medianoche (In search of a midnight kiss)
 
Una de las mejores comedias románticas indie de los últimos años. Desde que la descubrí, allá por la navidad del 2008, la veo, religiosamente, cada nochevieja.  Y es que Wilson y Vivian, a pesar de conocerse de la manera más cutre que existe (una página de contactos internetiles) el día más desesperado del año (el 31 de diciembre), y de ser una versión “defectuosa” de los Jesse y Celine de Antes de amanecer/Antes del atardecer, resultan tan honestos y  tiernos, tan dolorosamente reales, que te dan ganas de traspasar la pantalla y darles un abrazo.
 
 
 
¡Qué bello es vivir! (It’s a wonderful life)
 
En navidad puede faltar el turrón de chocolate, el roscón, los discutibles regalos, las cenas opíparas, las campanadas con la Igartiburu (juas), o las reposiciones de the best of en todas las cadenas, pero unas fiestas sin George Bailey corriendo sobre la nieve y gritando entusiasmado Merry Christmas! a todos sus vecinos, son como un ángel sin alas. Ni siquiera es necesario verla entera (o por partes). Para notar sus efectos, sólo basta con saber que es emitida.
 
 
 
Cuando Harry encontró a Sally (When Harry met Sally)
 
La culpa de que todas mis nocheviejas me resulten un muermazo, la tiene su última escena tras las doce campanadas, durante el apasionado discurso de Harry, mientras suena de fondo la imprescindible Auld Lang Syne. Divertida, inteligente, un pelín más sexista de lo que me gustaría (los hombres y las mujeres SI pueden ser amigos, Harry), pero siempre disfrutable y deliciosa.
 
 
 
In the mood for love + 2046
 
Hay una escena en 2046 en la que su protagonista asegura que todos necesitamos un poco de calor extra en navidad. Por algún motivo, esa frase se ha convertido, sin que me diera cuenta, en la mejor definición de estas entrañables fiestas. Obviamente, acercarse a la habitación 2046 sin estar deseando amar es un sinsentido. A veces no sé cuál de las dos me gusta más. Wong Kar-Wai ha hecho dos obras maestras hipnóticas, deslumbrantes y desesperadamente románticas que, por algún motivo, brillan aún más por navidad.
 
 
 
Harry Potter y el prisionero de Azkaban (HP and the prisoner of Azkaban)
 
Si Alfonso Cuarón hubiera dirigido las siguientes pelis de la saga, posiblemente,  el resto de las aventuras del mago más famoso del mundo no caerían por inercia, cada navidad, tras la tercera (mi libro potteril favorito). Mágica, adulta y personal, presenta algunos de los personajes más interesantes del universo rowlingiano, además de mostrar a un Harry mucho más complejo y ambivalente de lo que estábamos acostumbrados. El potterofilo confeso que no haya pensado o dicho ever “expecto patronum!” en un momento crítico de su vida, que tire la primera piedra… 
 
 

Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands)
 
Cualquier ocasión es buena para disfrutar de este maravilloso cuento, pero apetece más bailar bajo la nieve cuando todas las luces de colores se encienden, hace frío y no hay lugar en el que esconder esas “tijeras” en lugar de manos. O tal vez, simplemente, echamos de menos la magia que, cada 25 de diciembre, sentíamos de niños. Y es que, ¿hay alguna película más mágica que esta?
 
 
 
Willow
 
Si mis navidades infantiles pudieran resumirse en algunos títulos, Willowsería uno de ellos. Lo tenía todo para fascinarme: magia, aventuras, humor, la eterna lucha entre el bien y el mal, héroes inesperados, mujeres fuertes, un apuesto guerrero, amistades insólitas, amor y una banda sonora imposible de olvidar.
Afortunadamente, mis ojos de adulta no la han contaminado del todo. Y es que cuando hay películas que cualquier miembro de la familia puede reconocer, prácticamente, a través de un simple fotograma (incluso muchos años después), ladies & gentlement, that is christmas.
 
 
 
Frankenweenie
 
Aunque acaban de estrenarla y aún no ha tenido tiempo de convertirse en un clásico, intuyo que lo último de Burton será una de mis mejores películas prozac contra el christmas blues en los años venideros.
Hay pelis que te fascinan y te ganan ya solo por su argumento. ¿Quién no ha disfrutado comprobando lo que ya sospechabas de niño: que los juguetes tienen vida en cuanto abandonas la habitación?¿o descubriendo y potenciando tu vocación de mago en un colegio de magia?¿o siendo testigo privilegiado del momento en el que se enamoraron tus padres? Poder rescatar de la muerte a un amigo es un sueño hecho realidad para cualquiera que haya adorado y perdido a un ser de otra especie. Frankenweenie, finalmente, lo ha hecho celuloide.
 
¿Qué me decís de vosotr@s? ¿cuál es vuestro menú navideño imprescindible? 😉
 
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Prometheus: la amenaza fantasma

Nunca se pierde del todo la fe en los viejos directores que han sido capaces de deslumbrarnos, por muchos síntomas de “descreatividad senil” que muestren. Y es que a pesar de mucho film regulero (o directamente fallido) a años luz de su época dorada, la carrera de Ridley Scott mostraba esperanzadores síntomas de regeneración tras películas tan apreciables como Red de mentiras o American Gangster.
Las expectativas hacia el famoso director británico se multiplicaron exponencialmente, además, desde que Prometheus se puso en marcha. Su atractivo argumento sci-fi (que anunciaba, además, ser una precuela de la mítica Alien), su reparto de campañillas y los muy prometedores trailers que durante meses circularon por la red, habían puesto los dientes largos hasta al cinéfilo más escéptico. Sin embargo, y con todo el dolor de mi corazón, he de admitir que Prometheusha acabado siendo a la saga Alien lo que La amenaza fantasma a Star Wars: técnicamente impecable pero totalmente hueca, ridícula, indigna, fallida y prescindible.
Y es que si, hay que admitirle a lo último de Scott su poderío y fascinación visual a la hora de crear escenarios y universos (aunque teniendo en cuenta el presupuesto con el que cuentan producciones como esta, la perfección técnica está prácticamente garantizada), esta historia de serie B no hay por donde cogerla, ni aunque se olvide momentáneamente la saga en la que supuestamente se inspira y se sea más creyente que su incauta protagonista. Su guión incoherente, superficial, inverosímil, infantiloide y lleno de agujeros, da vergüenza ajena a cualquier fan de la ciencia ficción (y, por descontando, a cualquier fan de Alien). Teniendo en cuenta que estaba firmado al 50% por Damon Lindelof, uno de los creadores de Lost, todos esperábamos encontrar al escritor de las primeras temporadas perdidiles, pero, desgraciadamente, nos hemos encontrando con el de las últimas. Una pena.
No es necesario ver en la red imágenes promocionales de Prometheus con un Guy Pearce cuarenteño (que únicamente aparece cutremente envejecido en la película), para darnos cuenta de que han debido pasárselo pipa rescribiendo el guión sobre la marcha o mutilando en postproducción una buena parte del metraje que habría dado un poco (o un mucho) más de coherencia a la trama. De otra forma no se explica que el film sea una sucesión de guiños cinéfilos kubrikianos o alienianos sin gracia, copias descaradas o fuegos artificiales que impacten visual y emocionalmente para no hacer pensar demasiado al espectador; ni tampoco que los personajes sean tan planos y estén tan tristemente desaprovechados y poco definidos (o que directamente aparezcan de atrezzo) y que sus motivaciones nunca se expliquen (más que un grupo de serios y ultraprofesionales científicos embarcados en el proyecto del siglo, parecen un grupo de atolondrados adolescentes faroleros sacados de la cantera de Jackass).

 

Aunque ambos sean los mejores personajes y se reserven las escenas más memorables del film (una sometiéndose a una impactante y ridícula auto-cesárea y el otro a un auto-teñido rubio-Lawrence de Arabia), ni siquiera una solvente Noomi Rapace y un magnético (como siempre) Michael Fassbender salvan de la quema la que, probablemente, no sólo sea la gran decepción del verano, sino del año. Personalmente, me importa un pepino del espacio que se reserven una edición especial con metraje extra en Blue-ray o que dentro de tres años estrenen una deslumbrante second part a la altura de El imperio contraataca. Como diría Rhett Butler: Frankly, Mr Scott, I don’t give a damn.

P.S. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que Logan Marshall-Green (Holloway en Prometheus y letra B en la pic) y Tom Hardy (actualmente en cartel con El caballero oscuro: la leyenda renace) parecen mellizos?

Risoterapia contra la PLD (Post-Lost Depression)

¿La depresión post-lostil pasará a formar parte del DSM-IV (o manual de clasificación de los trastornos mentales)?
Time will say. Por ahora, la bomba de la finale ha creado una nueva “realidad alternativa” para muchos de sus fans. Frustrados, dolidos y enrabietados con el horrendo desenlace, e intentando mitigar al mismo tiempo, los inevitables efectos de la tan temida ansiedad post-separación, se han visto obligados a recurrir a un viejo recurso para salir adelante: la creatividad + el sentido del humor. ¡Que Yoda los bendiga a todos!

El protagonista del primer video aún no sabía como iba a acabar la serie. Su novia le deja horas antes del ya antológico mega FAIL de Cuatroº. Yo creo que, tras su visionado, el único recurso que le ha quedado a la criatura, ha sido el suicidio…

Este no es un video fan-made, pero no he podido resistirme. ¿Qué habría pasado si Jacob y Némesis (ahora han confirmado que se llama Samuel) tuvieran una sesión de terapia al más puro estilo In Treatment? ¿Quién de los dos estaría más traumatizado por su mater terribilis? Siendo el tal Samuel el therapist, se confirma la teoría popular según la cual todos los terapeutas están aún más cucú que sus pacientes…

He reservado lo mejor para el final. Me quito el hat ante quien haya hecho esta maravilla. Este video es tan, tan, taaaan bueno, que se me saltan las tears cada vez que lo veo. Nunca pensé que lo diría, pero qué razón tiene Hitler…

Pasen por la encuesta lostil. No insisto con la long y excesivamente autobiográfica crítica de la finale que hay debajo, porque sé que no la va a leer ni Jacob…

Do you believe in Jac(k)ob? (Crítica de la Lost Finale)

Cuando estaba en el instituto, un gripazo me obligó a postergar un examen de arte. El día que lo hice, recuerdo que me sentía más o menos confiada, porque, salvo una pregunta, las otras dos me habían salido decentemente. Cinco minutos después de terminarlo, el profesor me llamó a su despacho, y con una franqueza desarmante me dijo “cuando corregí la primera parte de tu examen, pensé: si esto sigue así sobresaliente; cuando llegue a la segunda, sin embargo, tuve que replanteármelo: si esto sigue así, notable; pero cuando corregí la última, definitivamente lo tuve claro: si esto sigue así, bien”. Y aunque muchos años después aún sigo sin entender como la media de un sobre, un notable y un bien, puede ser un seis miserable, esta dolorosa valoración “in discesa”, podría trasladarse a mi opinión sobre la serie Lost.

Alguien dijo “sólo hay dos tipos de películas: las que me gustan y las que no me gustan” y creo que esta clasificación podría ser la base de cualquier criterio artístico. Por mucho que racionalicemos nuestras elecciones y las adornemos con argumentos más o menos sesudos y/o convincentes, son sólo excusas, lo que cimenta nuestros porqués son nuestros gustos.
Con una serie tan especial como Lost, en general, los términos medios son escasos: o la amas o la odias. Y había muchos argumentos para rendirse a sus encantos en esa antológica primera temporada, desde el carisma y la empatía que despertaban sus personajes, pasando por la equilibrada mezcla de géneros, la original estructura narrativa, la maravillosa B.S.O., sus inquietantes dosis de misterio y, sobre todo, su capacidad para crear impactantes cliffhangers, shockerar al espectador y convertirlo en un teorizator nato. Sin embargo, desmenuzarla para intentar explicar su éxito (o mi pasión por ella), no tiene mucho sentido, porque el todo es más que la suma de sus partes, y cuando te enamoras, te enamoras.

Y es por tu condición de enamorado (o yonki, que viene a ser lo mismo) que una vez finalizado el brillante planteamiento, pasas por alto sus incoherencias varias y sus descaradísimas (y constantes) trampas argumentales, y para cuando llegas a la decepcionante quinta temporada (o principio del desenlace), quedan aún tantos enigmas por resolver y te sientes tan encariñado (o incluso colado) por sus personajes, que, simplemente, ya no puedes abandonarlos y te aferras con optimismo ciego al “mientras haya serie, hay esperanza”.

Porque ser seguidor de Lost es un salto de fe. No podría ser de otra manera, siendo dos de sus personajes clave algunos de los máximos representantes del empirismo (Locke y Hume). De alguna manera, el camino que siguen sus seis temporadas (con Jack como abanderado), es el que se le pide al espectador: pasar de hombre de ciencia a hombre de fe. La sexta y última season viene a plantearle a cada espectador algo así como: no tenemos las respuestas que estás buscando, ¿pero hasta que punto estás dispuesto a creer?. Y es en ese decisivo punto, en el que los losties se dividen.

En mi caso, no estoy dispuesta a aceptar un Los Otros meets El sexto sentido meets Autopista hacia el cielo como animal acuático. No puedo conformarme con un argumento tan trillado, cursi y poco arriesgado en una serie que ha hecho de la originalidad y la capacidad de innovar su marca de fábrica. ¿Dónde están los creadores que nos mostraron un oso polar en medio de una isla tropical o que volaron por los aires lo que a primera vista parecía un refugio nuclear (o un ovni) y resultó ser una estación científica?¿Dónde se esconden quienes reunieron a Desmond y Penny en una mágica llamada telefónica a través del tiempo y el espacio para, poco después, inexplicablemente, mover la isla, nuestra isla, de sitio? Me niego a tragarme el incoherente “lo único que cuenta son las historias humanas” en una serie poliédrica en la que siempre se han pulido afanosamente todas sus caras. Como fan, me siento traicionada, frustrada y dolida, como si un buen amigo, de repente, me hubiera asestado una puñalada trapera.

Sabiendo lo que sabemos (oséase, que ninguno de los misterios serían resueltos) la gran mayoría de las temporadas y líneas argumentales no tienen sentido y habría sido más lógico y congruente finalizar la serie en la cuarta temporada. Continuar una historia chapuceramente y sin gracia, no tiene perdón de Yoda. No necesitábamos conocer al madrero y papanatas de Jacob, ni que el personaje de Richard perdiera de un plumazo todo su carisma y su halo de misterio en un capitulo sonrojante y culebronil como Ab Aeterno, ni tampoco saber que en la isla (que es un corcho que se quita y se pone y que guarda “la luz”), nadie sabe qué carajo está pasando y por qué, desde Linus, hasta Richard, pasando por el Man in Black o el propio Jacob.

Al final, podría reducirse el argumento de Lost a: pringadillo y solitario guardián de una isla misteriosa, busca sustituto, ya que su equipo regular de fieles inconscientes (o secta) no le satisface. Tras una larga entrevista de trabajo que incluye: un accidente, semanas de tortura psicológica, “dieta isleña”, contínuas exposiciones a la muerte, una sorpresita de humo e intensa convivencia con el resto de los candidatos al puesto, se instará al más apto a autoerigirse ciegamente como nuevo guardián, a pesar de no conocer los requisitos de su nuevo empleo, su sueldo o el tiempo que tendrá que desempeñarlo. Aunque, eso sí, antes de morir, se dará un garbeo por una suerte de limbo que es una versión ligeramente mejorada de su vida real, y cuando esté preparado, se reunirá con sus seres más queridos, y morirán todos ellos entonando himnos, cogiditos de la mano.

Lo único que me ha gustado del final, ha sido la reaparición de Vincent y el último plano de un Jack moribundo, tumbado junto al chuchin sobre el bamboo field, cerrando el ojo (cerrando el circulo), mientras el avión de Ajira cruza el cielo. Era predecible, pero bonito. Es una pena que todo lo que vino con anterioridad no estuviera a la altura.
Creo que habría sido menos decepcionante que lo que creíamos una realidad alternativa sí lo fuera, que Desmond el viajero interdimensional, se sacara de la manga la amenaza de una especie de disrupción espacio-temporal causada por la explosión de la bomba (o séase que en esa nueva dimensión ellos nunca debieron estar). Y que, para reparar el error, el caos, un nuevo humo, whatever, todos los candidatos que la originaron organizaran una suerte de suicidio colectivo (¿estrellándose en un avión perhaps?). Obviously, al estar juntos, no se reconocerían, pero surgirían las mismas complicidades y cuelgues que hemos visto en la isla y… también morirían juntos.

He leído algunas explicaciones decentes a qué es la isla (una de ellas en el primer post de esta entrada, os la recomiendo porque no tiene desperdicio), pero un argumento serieil no tiene consistencia si esa serie no puede explicar sus misterios ella solita, sin necesidad de que para rellenar mares y lagunas se tenga que recurrir a enciclopedias, extras y sacacuartos varios (o a que sus adeptos hagan los deberes).

Hoy he tenido que devolver las cuatro primeras temporadas de Lost (oséase, las únicas) a la persona que amablemente me las prestó hace algunos meses. Siento una ambivalencia de emociones al observar la estantería vacía. Lost me ha aportado muchas cosas y, a pesar de todo, siempre he sido una chica agradecida. ¿Volveremos los no creyentes a reconciliarnos con ella? ¿Acabará Lost adjudicándose el premio al final serieil más decepcionante de la historia?

Pasen por la encuesta lostil, please 😉

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