Hay días que, simplemente, se tuercen. Las escasas 2 ó 3 horas de descanso me auguran una jornada larga, difícil y de constante lucha contra el sueño. Sentada en mi butaca, a primera hora de la morning, escucho a un tipo lamentarse de haber dormido, únicamente, 6 horas. Siento el deseo irreprimible de ahorcarlo con su propia acreditación, pero vamos a dejarlo pasar. Le tengo mucho cariño al Victoria Eugenia y no quiero vincularlo a ningún caso de acreditacionicidio.

Este año la SO se cierra sorprendentemente pronto con Rocks, un drama británico con tintes sociales con una adolescente abandonada por su madre como protagonista. Funciona mejor cuando tira de sororidad y friends will be friends (impresionantes la frescura y naturalidad que desprenden sus actrices), que del drama puro y duro. Se deja ver y tiene sus momentos, pero no la veo conchable.

A partir de aquí, todo mi día se traslada al Principal. Va a ser muy monótono, pero es el único cine, junto al Victoria Eugenia, que tiene una conexión a internet decente. Let’s look on the bright side.

 

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Mientras hago cola para mi segunda película, un par de acreditadxs de industria, joven, embutida en un vestido ultraceñido y taconazos ella, cincuentón él, intercambian, en un inglés macarrónico, dirección de twitter y correo electrónico para, posteriormente, ser abducidos por un silencio ártico. No les auguro “el comienzo de una hermosa amistad”, pero me dan cierta envidia. Sé que me pierdo una de las experiencias zinemaldiles más enriquecedoras y adictivas: la parte social, los vínculos cinéfilos, potenciales new friends, los debates entre películas, etc. Es bonito ver reencontrarse, cada edición, a acreditadxs de edades, ciudades o, incluso, países distintos, derrochando cinefilia en diferentes idiomas.

[Reproduzco mi primera valoración del siguiente film, muy lejos de la actual]

Empieza Light of my life, escrita, protagonizada y dirigida por Casey Affleck, un actorazo incontestable y, al mismo tiempo, un tipo que ha escapado casi indemne del #MeToo a pesar de haber demostrado, probadamente, que pertenece al club de la masculinidad toxica. Sin embargo, polémicas aparte, confieso que este es otro de esos films que dan rabia porque tienen potencial para ser un super peliculón y, por algún motivo, no lo son. Hay quien la describe como un cruce entre Children of men y The Road. Paralelismos hay, pero, afortunadamente, su impacto traumático es menor. Un mundo en el que el ¿99%? de las mujeres han muerto a causa de una pandemia espantosa y un padre y una niña disfrazada de niño sobreviven como pueden, daba para una serie, como mínimo. Hay momentos potentes, pero en todo momento da la impresión de que la premisa no se acaba de desarrollar (ni de estallar). Lo que acaba trascendiendo, su poso, es el vínculo padre hija, la devoción de Affleck por proteger y proporcionar la vida más digna posible a esa niña a la que no quiere robarle ni el futuro, ni la infancia (hay ecos de The Room, incluso) y, especialmente, el trasfondo de todo: una emotiva oda a la mujer y a lo femenino. Inevitable sospechar un lavado de cara por parte de Affleck. Me gustaría creer que cree en la historia que cuenta. I really do.

[Me equivoqué con Light of my life. En muchas ocasiones las críticas rápidas o McReviews son una irresponsabilidad. Varios días de digestión más tarde, con todos los films ya asimilados y recolocados en mi cabeza, mi opinión es esta].

 

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Hoy recuperamos la peli del mediodía. Hallelujah! Y nunca mejor dicho porque aquel concierto de góspel del álbum más vendido de la gran Aretha Franklin, Amazing Grace, grabado por el mismísimo Sydney Pollack, ha sido rescatado para convertirse en un tesoro melómano de muchos quilates. El metraje había permanecido escondido por petición de la cantante y por la ausencia de claquetas en los brutos, lo que dificultaba mucho la sincronización de imagen y sonido, but here it is. At last! En estado de trance, casi etérea, Aretha despliega un talento abrumador a través de una voz que es pura magia y que no se siente de este mundo.

En mi caso, tal vez por culpa de un cansancio que casi me gana la batalla o porque mi Aretha preferida es the queen of soul, not the queen of gospel, no llego al éxtasis místico que parecen alcanzar muchxs de lxs integrantes del pase de prensa. Sin embargo, la experiencia enriquece y nutre, inevitablemente, de algún modo. Además del regalo a los oídos, guardo en mi baúl cinéfilo escenas impagables, como aquella en la que el reverendo de la iglesia limpia, solícito, el sudor del rostro de una muy entregada Aretha.

 

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Nematoma es el film de nuevos directores que, tras el paréntesis musical, estrena la tarde. Nos presenta a un bailarín que triunfa en un popular concurso de baile haciéndose pasar por ciego. Su buena racha, sin embargo, dura poco: un secreto, un crimen del pasado, amenaza con destruir todos sus logros. Hay talento visual, elegancia y personalidad en la dirección y puesta en escena de este film lituano, pero también frialdad, un guión excesivamente confuso, falta de empatía hacia sus protagonistas y taxidermia (why, oh why?). De ella me llevo sus coreografías, plagadas de sensualidad y tensión sexual no resuelta.

 

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A la salida, me resisto a volver a ponerme en la cola de nuevo. Sin embargo, quedan 45 minutos para que empiece mi última película y no me queda más remedio. Hay algo bonito en esa cola que me alegra el día. Entro en el cine siguiendo su estela. Las luces desaparecen y comienza Diecisiete.

No reconozco al director de Azuloscurocasinegro desde hace mucho tiempo. Esta road y feel-good movie, una suerte de Spanish Rain Man, con dos hermanos que reconectan (uno de ellos con asperger en lugar de autismo), invierte su tiempo en buscar obsesivamente canes en lugar de gallumbos (“Mis calzoncillos los compro en Camard. Calle Oak 400, Cincinatti, Ohio”). Hay ternura y humanidad, pero un humor muy blanquito, facilón y simple que, para mi estupor, despierta la hilaridad del público, incluso, tornándose en escatológico. No entiendo por qué resulta gracioso o insólito que una persona se desviva o se lance a cualquier tipo de aventura por rescatar a un perro (“¿Por un maldito perro?” parece la frase más repetida de la película). Hay que tener un grado importante de especismo o no haber querido a un ser de otra especie en tu vida, para que los esfuerzos del protagonista por reencontrarse con un ser querido, sea de la especie que sea, despierten comicidad. Además, salen “vacas de ¿6.000? euros”, meras “maquinas que dan leche”, siempre como recurso humorístico. Lo que mas me gusta del film es saber que su protagonista canino, oveja, ha sido adoptado en la vida real por su joven y obsesivo humano. Le auguro éxito, but definitely, not my cup of tea.

Miro con cierta envidia a lxs compañerxs acreditadxs que asistirán al último pase de prensa a las 22:30. Ayer me perdí la francesa Hors Normes y hoy toca el turno de Waiting for the barbarians.

 

Balance del día: 5 películas, una batalla campal contra el sueño, un regalo, un encuentro frustrado, 0 ruedas de prensa.

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