Lo único positivo de tener un día anémico cinematográficamente hablando es poder dormir más de 4 horas y asistir a las siempre interesantes ruedas de prensa. Hoy, excepcionalmente, el día comienza a las 11:00, con la press conference de Patrick, la última película de la jornada anterior.

 

 

Cuando los flashes de lxs fotógrafxs acaban, todo transcurre en 4 idiomas: portugués, inglés, francés y español. Siento un respeto infinito por lxs esfozadxs translators que deben sudar a través del pinganillo de parte de lxs asistentes (escuchar-pensar-traducir en un segundo debería ser considerado deporte olímpico). Por mi parte, agradezco que mis masocas horas de estudio, saltando de un idioma a otro, me hayan entrenado para que no me salga sangre por los oídos. Con el elenco de actores principales al completo delante, confirmo que su protagonista, Hugo Fernandes, es una versión turbia de Timothée Chalamet.

 

la hija de un ladron

 

Algún/a fan del director británico me odiará casi con total seguridad, pero La hija de un ladrón es la anti Ken Loach. O lo que viene a significar que trasmite de forma mucho más efectiva, sutil y directa el mensaje de denuncia, sin los peores tics del director British. Y es que en la notable ópera prima de Belén Funes son los personajes, el guión, lo que vertebra la denuncia social en lugar de que la historia sea el McGuffin que reivindique catálogos de injusticias (salpicadas por un millón de subrayados y personajes flageladxs todo el maldito tiempo). Funes no nos lo da todo mascadito, ni nos grita cómo debemos sentirnos. El guión omite muchos datos clave y es la/el espectador/a quien debe rellenarlos. Greta Fernández está soberbia como mujer que encarna todas las definiciones de carencia. Ignoro a qué profundidades de sí misma habrá tenido que bucear para mostrar ese abatimiento, desesperación y desgarro. Aunque la historia sea pequeña, hay tanta verdad y honestidad, la empatía que se logra es tan brutal, que el viaje golpea, hiere y deja su poso (incluso días más tarde). Directa a mi top de la SO.

 

 

Me alegré de que no hubiera película a mediodía, por una vez, porque eso suponía poder ir a la rueda de press de esta joyita. La sala estaba a rebosar. Qué irónico que Eduard y Greta Fernández, un padre y una hija que se llevan tan bien en la vida real (él estaba a punto de levitar de orgullo paterno), tengan una relación tan deteriorada y toxica en esta película. Su directora, Belén Funes, es la honestidad personificada y sabe perfectamente lo que quiere y lo que no en todo momento. Nos comentó que le interesaba una historia de soledad en tiempos de la hipercomunicación y que el personaje de Greta Fernández era “una niña con ojeras cuya maternidad estaba muy lejos de los anuncios de Nenuco”; mientras que uno de los actores (Àlex Monner) apuntó, con cierto orgullo, que en los equipos mayoritariamente femeninos se trabaja de forma más transversal a diferencia de los masculinos, bastante menos inclusivos y participativos. Food for thought.

Me resulta surrealista admitirlo, pero durante aquellos minutos festivaleros experimenté lo más parecido a la felicidad que he sentido en algún tiempo. Me sentía una privilegiada, an ageless woman, y, sobre todo, sentía que estaba exactamente donde quería estar. Eskerrik asko, zinemaldia!

 

Thalasso (1)

 

Brevísima pausa y vuelta al Kursaal para ver Thalasso, esa tomadura de pelo protagonizada por el polémico escritor Michel Houllebecq y Gerard Depardieu interpretándose a sí mismos y resistiéndose a las normas de un balneario muy pro vida vida sana. Hay quien compara al primero con un cruce entre Mr Bean y el Peter Sellers de The Party, pero a mi me encantan ambos y no me reí ni una sola vez. El film puede tener cierto encanto gamberro y no aburre, pero, particularmente, no me ha dejado huella, salvo la escena en la que un cliente del balneario les espeta a ambos “¡sois la vergüenza de Francia!”. Como bien comentaba un crítico, ¿Os imagináis una escena similar en Spain? Un actor y un escritor jamás podrían ser vergüenzas patrias. Sadly, la cultura no nos define de la misma forma que en Francia. Aquí lo que avergüenza son los concursantes de realities y celebrities de “Mierda 5”, lxs politicxs corruptxs y lxs periodistas endiosadxs.

 

the burn orange heresy

 

Last film, como siempre, en el principal. The burnt orange heresy, cutremente titulada en España como Una obra maestra, es la película excusa para traer al inminente premio Donostia Donald Sutherland. En la rueda de press (ojalá hubiera estado allí) el veterano actor comentó que le preocupaba muchísimo el cambio climático y el futuro de sus seres queridos, y añadió que la actitud de la ONU sobre el tema “era una mierda”. Días atrás, también en Donosti, Kristen Stewart comentó que le obsesionaban dos temas que deberían, según ella, obsesionar a todo el mundo: la emergencia climática y el uso de armas. Pueden caerte mejor o peor, pero este anestesiado mundo necesita tanto tantísimo eco-declaraciones con media spotlight, que resulta inevitable agradecérselas.

La primera media hora del film promete alguna idea de muchos quilates y Claes Bang y Elizabeth Debicki poseen una química electrizante, pero a medida que la trama avanza hacia la intriga criminal, el castillo de las expectativas se derrumba para dar paso a un thriller neo-noir bastante convencional que ni el cameo de Mick Jagger es capaz de levantar.  Durante su proyección, el eléctrico acreditado que tengo justo delante se pasa buena parte del metraje con el brazo levantado y doblado en una postura muy poco solidaria. Mi timidez y falta de asertividad evitan que le diga: “perdona pero tu codo me está robando campo visual”. Ay…

Al llegar a casa descubro que he perdido mi pin de Mickey. Le dedico un tweet desesperado, con 0 hope de que alguien lo encuentre. No vale gran cosa, pero le tengo cariño. Sniff!

Balance del día: 3 películas, un momento de felicidad, una nuca omnipresente irresistible, 1 pin perdido, 2 ruedas de prensa.

 

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