Esta es la review más dolorosa que he escrito nunca. Si bien es cierto que, casi siempre, redactar la reseña de una serie en la que has vivido intermitentemente (y en la que te has refugiado) los últimos 8 años de tu vida, aún en estado de shock, y sin ningún tipo de perspectiva, es muy poco objetivo, por experiencia sé que el feeling de decepción máxima, dolor y estafa acabarán pasando, pero que, como ya ocurriera con Lost (salvando las distancias, of course. Aunque con el tiempo acabas obviando su bochornoso ending y volviendo a las 3 primeras temporadas), este horrible desenlace siempre resultará igualmente insalvable, doloroso, barato y, por qué no decirlo, una bofetada para cualquier fan de la serie.

Lo importante es el viaje y no el destino, dicen sus defensorxs. No estoy de acuerdo, señorxs. Narrativamente hablando, un mal desenlace transforma un buen viaje, lo abarata, lo traiciona, lo destruye. Tal vez cuando sus creadores aseguraban que la saga acabaría con un “final agridulce”, por parte dulce se referían a las seis primeras temporadas. Y es que si, aquí y ahora, alguien encuentra lo sweet de esta historia (¿que Jon, Sansa o lxs Stark al completo acaben reinando es positivo a estas alturas?), please, let me know. A un capítulo de que todo termine oficialmente, y con el cuore partido en más partes que el Night King cuando Arya le clavó su daga, solo puedo decir que lo han hecho. Ya es irrevocable. David Benioff y D. B. Weiss han asesinado la esencia de Game of Thrones. Llegadxs a este punto, lo que ocurra en la season finale o quien ocupe el trono de hierro (en caso de que siga existiendo) ya resulta irrelevante.

[Spoilers are coming]

¿Cómo se ha planificado tan imperdonablemente mal el planteamiento, nudo y desenlace de esta octava temporada? Hemos tenido unos 2 primeros episodios más reposados, centrados en situar personajes, sus interacciones y su evolución (el segundo ya es oficialmente el mejor de la temporada). Un tercero y polémico, visualmente muy espectacular y terrorífico, efectista y plagado de deus ex machina, para encontrarnos posteriormente con un nudo y desenlace precipitados, forzados, desganados, chapuceros, incoherentes, sin respetar a los personajes y a sus arcos y, si me apuráis, con un guión torpe y facilón que insulta nuestra inteligencia.

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Dany o construir la casa de la locura por el tejado

Como comentaba en la review anterior, la idea de enloquecer a Daenerys, solo porque es una Targaryen, me parecía demasiado obvia y predecible, pero mis suplicas al dios de la luz no han funcionado y la Khaleesi, mal que nos pese, se ha convertido, en un abrir y cerrar de ojos, no solo en la verdadera villana de la serie, sino en la psicópata más sanguinaria que alguna vez haya vivido en Westeros (Night King included!). Ahí es nada. La decepción, en este caso es doble, no sólo porque llevamos acompañando a la rompedora de cadenas 8 añazos y nos duele verla convertida en una genocida, sino porque la construcción del personaje ha sido pésima y no se nos ha preparado narrativamente para ello.

¿Querían, tanto los productores como el mismo Martin, que uno de los iconos de empoderamiento femenino de la TV actual se pasara al lado oscuro y demostrara que, en el fondo, nada cambia, que la sangre es más poderosa que la razón, la compasión o el amor? Muy bien. Posiblemente el tito George dedique un volumen (o los dos) a mostrar su descenso a los infiernos, pero, ¿por qué en la serie no se nos ha narrado de forma paulatina y coherente, apostando, en su lugar, por un despreciable efecto shock de baratillo?

Uno de los problemas actuales con Dany viene de tiempo atrás. Especialmente, de la séptima temporada. Se suponía que su love story con Jon debería ser la más grande e intensa que han conocido los dioses antiguos y los nuevos (son el hielo y el fuego, ladies & gentlemen!). Siendo cada uno el amor de la vida del otro, se justificaría el desgarro de saber que son parientes y oponentes al trono de hierro. Las resistencias de Jon a seguir acostándose con su tía, tendría que haberse mostrado con ambivalencia por parte del antiguo crow y resultar desgarradoras para ambos. Sin embargo, en lugar de un big romance, tuvimos un amor forzado, sin un ápice de romanticismo, gracia o momentos de verdadera intimidad. Había que creérselos poniendo ganas e imaginación, pero, como pareja, no convencieron a nadie (la nula química entre Clarke y Harington tampoco ayudó en exceso, todo hay que decirlo). Y si ya costaba creerse su amor en pantalla, ser testigo de “la conversión sith” de Dany en dos capítulos, empujada en gran parte por el despecho hacia Jon, cuando este proceso de “villanización” debería haberse extendido, como mínimo, una o dos temporadas, es perderle por completo el respeto a la esencia del storytelling y a la propia audiencia.

Game of Thrones

Como licenciada en psicología, asumir “el gen de la locura” porque sí, sin que Daenerys haya tenido interacción con su padre, ni haya aprendido nada de él (ni su percepción del mundo, ni su poca/mucha tolerancia a la frustración o su manera de resolver conflictos), me resulta complicado, pero aceptamos barco si consideramos un universo ficticio en el que una familia, los Targaryen, tienen el pelo platino, no arden y pueden vincularse con dragones. Si esto último está en su ADN, la predisposición a la locura podría existir solo para ellxs también. Sin embargo, el padre de Dany tardó años en enloquecer y todo apunta a que lo hizo de forma gradual, ya de anciano, y después de muchos años en el trono. La Khaleesi es mucho más joven, mas idealista, creció alejada de todo, nunca ha llegado a sentarse en el trono (el poder aún no la ha corrompido) y se supone que, a pesar de su inflexibilidad, soberbia y megalomanía, llevaba la lección de historia aprendida. ¿De verdad pretenden hacernos creer que pudo dar el salto a la antagonista más fiera de Westeros en dos segundos, presa de la soledad, el desamor, el miedo y la ira? ¿Con tan pésimo y abrupto “McDesarrollo” justifican que la rompedora de cadenas arrasara con una ciudad que ya se había rendido a sus pies, asesinando a su paso a un millón de personas? ¿Se dio cuenta de que haber llegado hasta allí no había merecido la pena y decidió aniquilar su victoria pírrica? ¿Por qué, ya puestxs, no se suicidó y acabó con nuestro sufrimiento?

Pero por si todo esto no fuera una incoherencia dolorosísima, tenemos a un ejército poseído por la misma locura y sadismo que la propia Khaleesi con Grey Worm a la cabeza. Que este último rebane alguna cabeza de más conducido por el dolor y la ira del duelo tendría sentido, pero su personaje esta llevado a tal extremo que resulta chirriantemente excesivo. Además, ¿qué justifica semejante despliegue de violencia por parte de unos supuestamente nobles norteños que, de repente, se convierten en los más despiadados dothrakis y que, incluso, atentan contra su capitán (Jon) por impedir que cometan una asquerosa violación? ¿Por qué en lugar de una brutal batalla bien construida nos han ofrecido una masacre de semejante magnitud? ¿Solo para dejarnos K.O, ya que el golpe de efecto, el shock, sorprender por encima de todas las cosas, era el único as que se guardaban en la manga? ¿Podría estar todo aún más forzado y abaratado, señores?

Aceptamos que Drogon sea indestructible cuando una semana antes nos habían mostrado que hasta el ser más poderoso de mundo puede ser vulnerable. Aceptamos a regañadientes que Dany se haya convertido en la estratega más brillante de poniente y que dragón y humana acaben, sin un mínimo rasguño contra con un ejército por mar y tierra que estaba más preparado para un enfrentamiento que ella, pero esa caída en picado a la psicopatía hitleriana tras dos miserables capítulos de evolución no se puede aceptar (incluso asumiendo visiones en la casa de los eternos y pinceladas Tarly desplegadas por el camino). Sorry, Benioff & Weiss. La madrugada del lunes 13 de mayo, la Khaleesi fue asesinada. Ya no vive para nadie y nada de lo que ocurra en el sexto episodio podrá redimir una chapucera construcción denunciable a la mismísima Amnistia Internacional.

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Tyrion o el sosoman

Los únicos 3 momentos salvables y notables de este episodio (a excepción de la parte técnica, excelente) los protagoniza ese actorazo llamado Peter Dinklage. El primero es la brevísima escena en la que le confiesa a Varys que lo traicionó él (aunque no su descafeinada ejecución posterior. La araña no perdió el tiempo intentando inútilmente envenenar a Daenerys, pajarilla mediante), el segundo es la línea de dialogo en la que, antes de liberar a Jamie, le confiesa, con un nudo en la garganta, que sobrevivió a su infancia gracias a que él fue el único que no lo trató como un monstruo (habría que ser de acero valirio para no emocionarse con una escena como esta) y el último, en la sobrecogedora escena pre-campanas con el rostro de Dinklage como máximo protagonista. Durante unos segundos, la tensión es tan brutal que King’s Landing y todo Westeros está conteniendo el aliento.

Sin embargo, el personajazo de Tyrion también ha sido traicionado y desdibujado hasta convertirse en una patética sombra de lo que fue. ¿Cuál es su arco? ¿hacia dónde va? No lo reconocemos, está estancado de todas las formas posibles, no evoluciona. ¿Dónde está su agudo ingenio, su inteligencia, sus dotes de estratega? Ya sólo nos damos cuenta de que sigue siendo él cuando hace chistes sobre genitales masculinos. Una pena.

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Jon Snow o el pusilánime

Otro tanto podría decirse de Jon. El suyo es el personaje más arquetípico y predecible de la serie. Siempre ha sido el bueno, el honesto, el héroe puro e incorruptible, tomando el relevo de Ned. Tal vez, el único personaje genuinamente “blanco” y nada gris de toda la serie. Eso lo hace querible y admirable, pero también más aburrido y menos complejo e interesante que sus compañerxs (y un mal amigo de Ghost, no lo olvidemos nunca).

En la parte final de Game of Thrones habría gustado ver a un Jon activo y no simplemente reactivo (exactamente como el Jack del ending de Lost. Los paralelismos que se van trazando entre ambas series, a estas alturas, ya resultan espeluznantes). Demasiado cobarde y/o ingenuo para tomar decisiones o anticipar las maniobras de quienes le rodean, simplemente, se deja llevar (incluso en plena batalla que no quiere y sabe que no debe luchar). ¿Qué le puede suceder a estas alturas para ser dignificado? ¿asesinar a Daenerys? ¿realmente se merece el trono de hierro o se inmolará, como el Jack lostil, en aras de la humanidad? Tristemente, me da igual.

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Jaime y Cersei o los amantes de Teruel

Unxs psicologxs analizaron recientemente a lxs Lannister. Achacaban la evolución de Jaime a su alejamiento de Cersei. De la misma forma que la independencia del nido materno es una condición imprescindible para madurar y volar como individuo, la distancia con Cersei permitió a Jaime crecer y descubrir su verdadera esencia. Sin la toxicidad perversa de su hermana melliza como máxima influencia, Jaime tuvo que tomar sus propias decisiones y demostró que no sólo era un egoísta incestuoso con rasgos de psicópata, sino que podía ser generoso, protector, noble, solidario, un gentleman, en definitiva. Su llegada a Winterfell, siendo defendido por Brienne y perdonado por Bran, nos demostró lo lejos que estaba el Lannister del capullo con peinado principesco que una vez arrojó a un niño por una ventana.

¿Qué habría sido coherente en el arco dramático de Jaime? Opción number 1) Romper definitivamente los lazos con su hermana y decantarse por el blanco y el gris claro junto a Brienne o, number 2) tener una relación “ni contigo ni sin ti” con Cersei, como un adicto que odia su adicción pero que no puede evitar acabar cayendo ocasionalmente en ella, que lo situaría en la mitad exacta del gris. ¿Qué han hecho lxs guionistas, sin embargo? Básicamente, coger los 8 años de evolución del personaje y quemarlos en King’s Landing. Jaime vuelve con Cersei como si todo lo que ha aprendido y todas las cualidades positivas que ha descubierto de si mismo por el camino hubieran sido borradas de un plumazo. Espeta un “¡Soy odioso!” a Brienne antes de despedirse de ella y un “¡que se joda la gente!” a Tyrion, olvidando que 3 capítulos atrás había arriesgado su vida yendo a Winterfell para luchar por el bien de la humanidad. Y es que no, según Game of Thrones, la gente no cambia, ni evoluciona, ni tiene matices, ni es gris. Según nos han demostrado lxs guionistas, Jaime sigue siendo básicamente un villano y volvería a tirar a un niño por una ventana o matar a golpes a su primo… por Cersei.

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Y antes de reunirse con su incestuosa amada, lo vemos coprotagonizar una de las escenas más bochornosas que se hayan visto recientemente en televisión. Euron sale mágicamente del agua en el mismo instante y lugar geográfico en el que se encuentra Jaime (¡ni el equipo ruso de natación sincronizada posee tan nivel de complicidad!). El Greyjoy o el villano peor construido de la serie, decide matarlo, by the face, porque la sesión de natación no ha sido suficiente y se quiere pegar un triathlon. La escena resulta tan forzada, ridícula y torpemente ejecutada que el público no sabe dónde meterse. Ambos acaban heridos, Euron mortalmente, pero el ultimo plano de su rostro muestra una sonrisa de satisfacción porque, ladies & gentlemen, se ha cargado al “Matarreyes”. Hooray!

¿Cuántas veces hemos imaginado la muerte de Cersei? ¿sería brutal y espectacular al estilo Oberyn, red wedding o Joffrey? ¿cruel, insoportable y terrorífica como la de la pobre Shireen? ¿o de forma digna e indolora, tras una confesión demoledora, a lo Olenna Tyrell? Nos equivocamos todxs. A Cersei la acabaría matando… ¡un ladrillo! Oh, anticlimax, mi anticlimax!

Una aterrorizada y llorosa Cersei, siendo testigo de la destrucción de todo cuanto conoce y perdonada por the Hound (excuse me?), se encuentra también, mágicamente, con Jaime (sin mano dorada, que con el incendio da calor), en la “sala del mapa”, se abrazan, deciden que en el mundo solo importan ellos y nada más que ellos (como si nos encontrásemos en el 1×02 y no en el 8×05) y ambos mueren sepultados. WTF? La villana más carismática de Westeros y su no menos carismático brother abandonan el mundo de forma ridícula y anticlimática, sin un ending con fuerza dramática a la altura de sus personajazos, juntitos, consolándose mutuamente, como si fueran niños a los que consuelan tras tener una pesadilla. Oh, my GoT!

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The Clegane bros o La Cleganebowl

Al Perro no le importó que el zombi de su hermano lo ignorara vilmente al ser retado en la séptima temporada (había sido convertido en un Frankenstein asesino sin voluntad propia, as we all know). Volvió a King’s Landing, justo en el momento en el que todo se caía a trozos y esta, vez, who knows why, la Montaña recupera su identidad de un sopetón y se lanza sádicamente a asesinar a Sandor. El escenario es poderosamente apocalíptico y ridículo al mismo tiempo y hay algo que rechina y apesta a refrito y a fan service en esta escena. Desprovisto de su máscara, vemos que the Mountain es un híbrido entre Varys y el Darth Vader moribundo de Return of the Jedi. Tras casi marcarse un Oberyn e imposible de matar, la única y lírica forma de acabar con la mole que encuentra el perro, es vencer su miedo más primigenio y lanzarse junto a él a las llamas. Poético en teoría, pero cutre en ejecución.

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Arya o children of men

Tras 8 años a cuestas con su lista de la muerte, asesinar al mismísimo Night King, una partida de Winterfell de la que estaba segura de no volver (no la vemos despedirse de nadie), y todo un viaje a King’s Landing, a Arya le basta una breve charla con el Perro en la fortaleza roja para “rehacer su vida” y no convertirse en una asesina. ¿Comor? Podrían haber tenido una conversación similar, of course. En otro contexto, mejor dialogada, después de que the Hound, por ejemplo, hubiera cometido alguna atrocidad. Así, con una Arya empequeñecida y mucho más pasiva y asustada que en la batalla de Winterfell, asintiendo a todo mansamente, no. Así no.

Da la impresión de que la excusa para tener a la pequeña Stark en este episodio era justificar el pastón en CGI que se han gastado. Alargando y estirando escenas en las que Arya es aún más inmortal que the Mountain, yendo sin rumbo de acá para allá, sin ninguna justificación narrativa, salvo la de flagelarnos y subrayarnos dos millones de veces (por si no nos habíamos enterado), lo devastadoras que son las guerras, lo mucho que sufren y pagan sus efectos las víctimas o las consecuencias causticas de la corrupción del poder. Y, cuando nada parecía poder sorprendernos, un caballo blanquísimo e inmaculado sobrevive milagrosamente a la masacre junto a Arya y una, llegados a ese punto, ya no sabe si reír, llorar o comentar lo dolorosamente estupenda que es la fotografía.

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En resumen: Será difícil sobreponerse al feeling de decepción y derrota de este espantoso engendro o 8×05. Tal vez lo más doloroso de todo haya sido comprobar hasta qué punto habíamos sobrevalorado la serie, pero nos habían dado 6 notables temporadas para justificar nuestras altas expectativas. Como espectadorxs vimos que en King’s Landing no solo ardieron seres vivos, edificios y la capital de Westeros, sino también nuestras ilusiones, el cariño y el respeto por los personajes que llevábamos acompañando 8 años y las muchas o pocas esperanzas que, a esas alturas, quedaban de un final digno para Game of Thrones.

 

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