‘I love you to the moon and back’ es un (ñoño) dicho popular que suelen emplear los padres angloparlantes para expresar el afecto inconmensurable hacia sus retoñxs. Debió de originarse en el periodo pre-alunizaje, porque en pleno siglo XXI y con el imaginario colectivo puesto en el multiverso infinito, la distancia a la luna se nos antoja demasiado corta. Pero mucho antes del nuevo milenio, hubo un hombre que transformaría lo metafórico en literal y ese first man fue Neil Armstrong. Probablemente, si no hubiera sentido un amor “to the moon and back” por su hija fallecida, el pequeño paso para el hombre, pero gran paso para la humanidad, lo habría dado otro y el film que nos ocupa, a su vez, habría sido muy distinto.

Film/ First Man

A Damien Chazelle da la impresión de que la madrugada de ese épico 21 de julio de 1969, a pesar de estar magníficamente narrado, le interesa poco. Él lo que quiere es centrarse en el hombre y su retrato íntimo, en su viaje vital (suicida) completo, en los detalles de un proceso semidesconocido marcado muy mucho por el azar y por las condiciones precarias, en el precio desorbitado (sacrificio en vidas humanas y personal) que se puede pagar para hacer historia, y en como el duelo y la perdida pueden impulsarnos, a veces, a realizar hazañas extraordinarias.

First-Man5

Por eso First Man no tiene la grandilocuencia palomitera, la épica y el tufo patriotero-banderil que le habría otorgado Ron Howard, por ejemplo (y que la publicidad, erróneamente, se empeña en vendernos). Es, ante todo y sobre todo, un viaje emocional que nos conduce hasta la última etapa de un proceso de duelo. Por otra parte, como film, no posee esa emotividad epidérmica que esperamos. Viene a ser como la personalidad de Neil Armstrong: emocionalmente contenida, aparentemente serena, sobria, incluso, ocasionalmente desapegada y áspera. La emoción, en gran parte, debe proyectarla (el bagaje de) cada espectadorx, como la luz sobre la luna. Si en mi caso, no estuviera “a medio camino” de un proceso de duelo, probablemente, habría visto una película distinta, una historia que no me habría hablado de mi misma ni arañado el alma (hay que viajar metafóricamente hasta la luna y volver para verlo todo con perspectiva y hacer más tolerable la vida sin ese ser querido).

first man-thewife

En un film que, tristemente, no aprueba el test de Bechdel y en el que todos los personajes pivotan y son la excusa para definir al protagonista principal (soberbio Ryan Gosling. Atención a la escena en la que rompe a llorar y en la que se despide de sus hijos), destaca una brillante Claire Foy que exprime a base de talentazo la poca entidad que tiene su personaje, de tal forma que logra que, con solo 4 escenas, queramos conocerla bastante más. Muchas de las escenas que quedan para el recuerdo de First Man (escribo esto a 3 semanas de haber visto la película), las protagoniza/merienda ella.

first man-universal

A pesar de un ritmo irregular que, en ocasiones, lastra la narración, otro tanto a favor del tercer film de Chazelle es cómo nos muestra la fisicidad, nunca antes vista, del programa espacial. Los viajes, ejercicios físicos y pruebas sádicas a los que continuamente son sometidos los astronautas, la precariedad de unas primitivas naves que a nuestros ojos se muestran de lata y unas condiciones de vuelo que hoy día resultarían impensables, son mostrados con un realismo y una crudeza considerables (resultan oro puro, cinematográficamente hablando).

first man10

Gravity, Arrival e Interstellar pusieron el foco de la sci-fi espacial en el proceso de duelo y First Man ha recogido este interesante testigo. ¿Acabará convirtiéndose en un género en sí mismo? Tal vez necesitamos desesperadamente asomarnos a historias donde las grandes batallas contra los elementos no se reduzcan al impersonal y simplista bien contra el mal. Quizá lo que queramos sea aprender a “ir hasta la luna y volver”, salvándonos del dolor y, más a menudo de lo que nos gustaría, de nosotrxs mismxs.

First Man-Movie-Trailer

 

*

Anuncios