oscars 2018..

 
Con un nivel medio notable, he aquí las 9 películas candidatas a mejor película de este año, organizadas por categorías. Mis filias y fobias sobre todas ellas in three, two, one…

 

Las que se llevarán el dorado gato al agua

 

oscars 2018

 
Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Personalmente no he podido evitar cogerle cierta (¿injusta?) manía a este film ante tanta review inflada y mangoneo de galardones.  Que nos encontramos ante un film notable resulta incuestionable, ¿pero realmente es la mejor película del año? Contar con la gran Frances como protagonista absoluta le suma muchos puntos. Resulta fresco, esperanzador y tristemente  inaudito encontrar a una mujer de mediana edad rabiosa y empoderada protagonizando un film de estas características, pero no es menos cierto que  esa Mildred que va por ahí perforando con saña pulgares de dentistas, incendiando comisarias o dando patadas en la entrepierna de adolescentes resulta demasiado testosterónea en sus maneras. Más que una mujer furiosa, parece la versión que un hombre sin referentes tendría de la furia femenina. Algo rechina y yo  no la compro del todo, de la misma forma que tampoco acepto ciertos giros de guión (capullo racista y psicópata que se redime en 3 segundos tras leer la carta de su antiguo jefe; mismo capullo que coincide en la mismita habitación de hospital con una de sus víctimas o el subrayado absurdo del último, oportuno y violento intercambio verbal de Mildred con su hija asesinada gritándole que ojalá la violen. ¿Era necesario?). En mi modesta opinión, Three Billboards no solo es demasiado autoconsciente, sino que pasa de puntillas por todos los espinosos temas que supuestamente pretende denunciar y no profundiza en ninguno, pero es la película que más claramente denuncia la era Trump.

 

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The Shape of Water 

La película de del Toro podría haberse titulado “Losers of the world, unite!” y su esencia permanecería intacta. Los personajes más olvidados, ninguneados y denostados del cine, de repente, tienen voz y se convierten en protagonistas absolutos… ¡en un género y un presupuesto de dimensiones blockbusteriles! No encontramos bellezones, ni personajes principales menores de 40 años, ni winners en ningún aspecto. Una mujer de la limpieza solitaria y muda, otra mujer de la limpieza negra y de mediana edad, un “monstruo” preso y torturado, un frustrado artista homosexual sesentón (Confesión: el de Richard Jenkins es mi personaje favorito de todos los que conforman los oscars this year), un espía ruso con corazón y principios y un malote de cartón piedra que suelta diálogos de Torrente mientras hace sus necesidades (¡sin manos!). Con estos elementos, la nostálgica cinefília que destila y su obvio mensaje anti-establishment, anti-racista y antiespecista, en principio, del Toro tenía todos los elementos para haber hecho un peliculón, pero decide que sus personajes sean clichés con poco o nulo arco dramático (el villano de la función sale aún peor pagado que el resto), nos vende una love story simplona tipo “day one they meet, day two they’re in love” con ofrenda de huevos incluida (¡dolor vegano!) y no cuida elementos del guión que chirrían por todas partes (esa zona ultrasecreta en la que entra todo hijo de vecino, ese malo que tarda oportunamente en atar cabos, etc.). Resulta inevitable tenerle cariño, pero es una lástima pensar en lo grandísima que podría haber sido. Por cierto, Guillermo, ¿cuánta agua has malgastado para filmarla, hermoso?

 

Las que podrían dar la campanada

 

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Get Out

La reciente ganadora de los Independent Spirit Awards es la candidata joven y cool de esta edición, junto con Lady Bird. Aunque circulan rumores de que la sección más rancia y viejuna de l@s academic@s la ha desechado sin siquiera verla, premiarla podría ser una declaración de principios como, por ejemplo, ya hicieran en la edición anterior con Moonlight. Who knows?

Resulta imposible no tener una relación ambivalente con Get Out. Su primera mitad es brutal, interesantísima, e inquietante y malrollera, hasta el punto de mantenerte hipnotizad@ en la butaca (pun intended), pero luego llega su desenlace y su prometedorísimo guión se derrumba como un castillo de naipes, confirmándose que, además de tramposo, el film es un insulto a la inteligencia. Hay quien podría argumentar que la absurda explicación de la trama es una metáfora o alegoría de otra cosa, pero no es suficiente para mantener la trama en pie. Todo resulta tan cutre, precipitado, torpe e incoherente con lo que te están contando que, incluso antes de su ending oficial, ya te has escapado muy lejos de la película. Un film supuestamente anti-racista nos vende una historia de white rich people que secuestra personas de raza negra para intercambiar sus cuerpos y cerebros con ell@s y que, como en el caso del protagonista, descubrimos que no es su raza, sino su talento para la fotografía lo que quieren expropiar. ¿Perdona? Si gana esta película, prometo no volver a hablar o escribir sobre los oscar never more.

 

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Lady Bird

Greta Gerwig juega con ventaja. No sólo es la única mujer directora/guionista en la edición más feminista de la historia, sino que sabe que la adoramos, tanto a ella como a su criatura. Lady Bird aparentemente empieza como una dramedy de instituto/coming-of-age ligera, sencilla y llena de clichés con una protagonista insoportable (Juno style), y acaba alcanzando una profundidad y emotividad que te sorprende y destroza. Hay que tener mucho talento para llevar al público por terrenos trillados, despistarlo, y acabar consiguiendo, no solo la empatía más absoluta hacia su protagonista, sino activar el mode de la nostalgia dolorosa y la complicidad de nuestro imaginario autobiográfico. Más incluso que el paso hacia la madurez, habla de la aceptación y la gratitud por la herencia recibida. No sé si en otro momento de mi vida mi apreciación hubiera sido distinta, pero aquí y ahora, por tristerrimas circunstancias personales, Lady Bird me ha tocado dolorosamente la fibra (me ha costado recuperarme de la escena del aeropuerto) y confieso que, tras esas maravillas tituladas Call Me by your name y Phantom Thread, es mi favorita.

 

Las que la crítica adora y que tendrán que conformarse con ganar en otras categorías

 

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Dunkirk

Christopher Nolan ha filmado su relato más sencillo y minimalista, con una pureza casi documental. Aunque, en principio, la fría y áspera objetividad del film, sumada a la falta de información sobre sus protagonistas y la consiguiente falta de empatía consigan que cueste meterse en la trama, la intensísima, angustiosa y eléctrica experiencia que proporciona logra abducir al/a  espectador/a por completo. Su espectacular diseño de sonido y soundtrack, por otra parte, resultan imposibles de olvidar. Sin embargo, este contundente y depurado relato de supervivencia, vacío y horror ante la guerra, parece haber perdido la batalla de los oscar y nunca ha contado entre las favoritas. Parece que este no es el año de Nolan. 
 
 

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Phantom Thread

La exquisitez hecha película. ¿Cada cuánto tiempo se ven en el cine retratos de personajes (e interrelaciones) tan tridimensionales, ricas, complejas y deliciosamente retorcidas?¿por que a los films les cuesta tantísimo alcanzar una profundidad y complejidad psicológicas de este calibre? La última y elegante película de Paul Thomas Anderson debería proyectarse en las facultades de psicología. Y es que toca tantos temas y tan bien que podría utilizarse para estudiar el complejo de Edipo, la perversidad machista del mito de Pigmalión y Galatea, la masculinidad tóxica, la dependencia emocional o los entresijos de los procesos creativos en las personalidades megalómanas, entre otras muchas cosas. Una delicia fascinante de esas que se ven muy raramente, llena de personajes, situaciones y escenas memorables. Demasiado refinada para ganar en los Oscar, Phantom Thread es una obra de culto instantánea.

 

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Call Me By Your Name

El multipremiado film de Guadagnino consigue que el resto de los films nominados lo tengan difícil para alcanzar su grado de nostalgia autobiográfica y de calado emocional. Un summer of love que todos hemos vivido a algún grado en nuestra vida narrado como si lo viéramos por vez primera, un primer amor cuya perdida resulta aún más dolorosa en el momento en que se descubre que ha sido El amor y que se ha perdido por siempre; unos padres que observan a su hijo con tanta delicadeza, madurez y respeto que no parecen de este mundo (el discurso final del padre,  probablemente el mejor que nos ha dado el cine tras Atticus Finch, es de enmarcar). Una película que no solo te hace reconectar con tu yo más íntimo, sino que se te clava de tal manera que, al recordarla, más que una sucesión de escenas, parece una colección de recuerdos. Somos much@s l@s que aplaudiríamos a rabiar un oscar para su jovencísimo actor protagonista, su guión o el ya mítico Mistery of love de Sufjan Stevens. Sin embargo, ¿qué más nos da si se lleva algo o no en esta edición de los Oscar? Si todas las películas nos sacudieran y marcaran de esta manera, viviríamos, únicamente, para ver cine.

 

Las que podrían irse de vacío

 

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The Post

Spielberg contraataca con un sólido film que narra una de esas historias que merecen ser contadas y lo hace con su pulso y buen oficio habitual. Gracias a el conocemos a un personaje al que nunca se había hecho justicia, el de Katherine Graham (Meryl Streep), la primera mujer editora del Post cuya decisión de publicar unos documentos top secret sobre la guerra de Vietnam, contribuiría no solo a defender la primera enmienda contra el ataque o intento de restricción de Nixon, sino que destaparía el escándalo Watergate. Cine comprometido, feminista y necesario en la suicida, deshumanizada, amarga y surrealista era Trump.

 

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Darkest Hour

Curiosamente, podría programarse en un programa doble con Dunkirk, pero el film cuenta con las suficientes virtudes como para “defenderse solo”. Los 120 minutos de  Darkest Hour pasan en un suspiro y a veces te olvidas de que Churchill no sigue vivito y coleando gracias a la intensidad discursiva y a la brillante interpretación de Oldman. Tal es su protagonismo (o grado de lucimiento) que opaca al resto de excelentes secundarios hasta convertirlos en meras comparsas, por mucho que estén interpretados por la gran (y elegantísima) Kristin Scott Thomas o la prometedora Lily James.

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Y con todos los fims candidatos a la mejor película analizados y a s minutos para los Oscar, ya solo queda decir: ¡por favor, que no gane la peor!

Fingers crossed!