Makoto Shinkai, el director del último mega exitazo de animación japonés, no quiere que el público vea su nueva película y afirma, incluso, que tenía cruzados hasta los dedos de los pies para que el ya mítico film no fuese nominado al Oscar. Para bien o para mal, sólo se ha cumplido uno de sus deseos. Your name no ha pasado la (excelente) criba de films de animación de esta edición, pero todo apunta a que aún le quedan muchos espectadores por “decepcionar” a lo largo y ancho del planeta.

 

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Qué duro debe ser que le cuelguen la etiquetita de “nuevo Miyazaki” a cada nuevo director nipón de animación que apunte maneras y que fácil escudarse en la falsa modestia e hiperexigencia cuando tu film ha recaudado una obscena millonada. Y es que, ¿qué tendrá esta romántica historia de adolescentes “quasitransgénero” forzosos para que haya gustado tanto?

 

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El arranque es más que prometedor y tiene, incluso, con un agradecido punto transgresor. Chica de pueblo anhela ser chico de ciudad y chico de ciudad vive insatisfecho. Un día, al despertarse, ambos descubren que han intercambiado sus cuerpos (y sus vidas) sin saber qué personalidad están usurpando. A medida que vayan atando cabos y conociéndose mutuamente desde la distancia, surgirá algo más que curiosidad entre ellos.

 

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Aunque el intercambio de cuerpos entronca con el imaginario nipón (Lo que inspiró a Shinkai, al parecer, fue un cuento clásico japonés del siglo XII, titulado Torikaebaya Monogatari) y famosas películas y series del país del sol naciente también han explorado esta temática, la osadía de la propuesta, básicamente, se desperdicia, a golpe de trazo grueso, por un lado, a través de ciertos sonrojos de doncella virginal y, por otro, explotando la efervescencia hormonal masculina (maravillado ante el hecho de tener pechos, la criatura no deja de meterse mano a sí mismo. Very Chicho Terremoto).

 

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A pesar de que técnica y visualmente es impecable, además de una gozada absoluta, y posee un aura de trascendencia pretendidamente madura y muy poco juvenil (ese “todos estamos conectados” bigger than life muy Wachowski sisters), hay que tener muy a flor de piel a tu adolescente interior para conectar con Your name. Una vez conseguido, sin embargo, se disfruta sin prejuicios de su romanticismo rosa chicle e incluso se le perdonan algunos excesos antidiabéticos e “inconsistencias” en el guión. Lo que yo, personalmente, no pude perdonar, fue un final más XXL que el de El retorno del rey (y bastante menos justificado) y, sobre todo (¡ay!), una invasiva e intermitente banda sonora de temas pop tan empalagosamente ñoños que avergonzarían a los asistentes de una boda cutie rainbow en Mi pequeño Pony (más que sacarte del film, sus canciones te expulsan lejos, muy lejos, hasta el infinito y más allá). Si se es inmune al empacho cursi-pop, sin embargo, Your Name supone un par de horas de fresco entretenimiento teen.

 

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