Durante el zinemaldi se ven tantas películas y a un ritmo tan frenético que, a menudo, el cansancio acumulado (y a veces, incluso, la desgana) juega en contra de cada película sin merecerlo. Como espectador, descubres que no siempre estás dedicando la atención y el respeto que merece cada obra y que, por lo tanto, cualquier opinión o juicio posterior debe ser colocado con alfileres.
Las semi-perlas son un cajón de sastre en el que incluir tanto las películas reguleras y las simplemente dignas, como aquellas que no están del todo mal (o que, incluso te han parecido buenas), pero que cuentan con la cantidad suficiente de elementos negativos como para no poder recomendarlas ni entusiasmarte con ellas.
 

Semi-perlas (ordenadas de menor a mayor tamaño)

 

L’amour est le crime parfait (Perlas)

Un profesor universitario cuarentón mantiene idilios en serie con buena parte de sus alumnas. Un día, de repente, una de sus últimas conquistas, desaparece.
Si hay una película festivalera que he visto en un incomodísimo y frustrante estado de cansancio y cuasivigilia extremo, es esta. Tras un arranque y una primera hora muy prometedoras, el film de los Larrieu acaba arrojándote a un final torpe y decepcionante que te hace plantearte el hecho de si la extraña mezcla chabroliana entre comedia y thriller es un producto fallido. A falta de una segunda visión que lo confirme/desmienta y concediéndole el beneficio de la duda, queda colocada provisionalmente en este puesto borderline entre las semi-perlas y anti-perlas.

 

 

El árbol magnético (Nuevos directores)
Hay un misterioso árbol en Chile que atrae irremediablemente todo lo que se encuentra a su alrededor, bien sean humanos, coches o antiguos sentimientos enterrados. La directora  Isabel Ayguavives trata de darle una vuelta de tuerca más y convierte a esta eminencia arbórea en una metáfora del exilio y la necesidad de tener un lugar al que volver.
A pesar de tener un planteamiento interesante, este cuento resulta demasiado pequeñito y poco desarrollado, demasiado contenido e inconcluso, como una tormenta anunciada que se intuye pero que no acaba de estallar.
 
 



Mon âme par toi guérie (Sección oficial)

Una vez más, nos encontramos con un sanador que necesita desesperadamente ser sanado. Un hombre tosco e introvertido con el don (transmitido por su madre) de curar, pero que repudia su poder hasta que las (dramáticas) circunstancias le obligan a replantearse utilizarlo.
Interesante a ratos, y tediosa y dispersa en otros, acaba agotando el interés de un espectador impaciente por que le presenten algo que no haya visto y vivido dos millones de veces antes en obras mejor construidas y algo más interesantes.
 
 

Sigo siendo (Kachkaniraqmi)(Zabaltegi)

“Kachkaniraqmi” es una expresión quechua que significa “sigo siendo, aún soy”. Todos los protagonistas de este documental peruano, desde los músicos de los recónditos andes y amazonia, hasta los ciudadanos de Lima, tienen en común una relación muy especial con la música y han encontrado una manera personalísima de mantener vivas sus tradiciones y de expresarse y contar sus historias.
Sigo siendo es una especie de larga y, a ratos, reiterativa road movie. Habría ganado algunos enteros si hubiera reducido su duración a casi la mitad, pero, al mismo tiempo, está llena de autenticidad y de personajes cuya ternura y honestidad traspasan la pantalla. Me guardaré en un cofre, para siempre, su frase final “Hay quien cree que los pájaros cantan por nostalgia o por alegría, y hay quien piensa que cantan por cantar. Pero si no te paras a escucharlos, ¿cómo vas a saberlo?”.
 
 

The railway man (Sección oficial)

Un largo viaje, como se titula en su Spanish version, es una película que, desgraciadamente, se va desinflando en la memoria a lo largo de los días. Mientras la ves te parece un drama correcto, a ratos demasiado acartonado y academicista, un poco frío, pero con buenos intérpretes y escenas potentes de gran contenido dramático. Con el tiempo sin embargo, ganan el pulso sus defectos: sus mal desarrollados (o, incluso, innecesarios) secundarios y la falta de emotividad y emoción en una película que debería derrochar ambas en cada fotograma. Este dramón tenía todas las papeletas para ser una necesaria lección de humanidad y una historia difícil de olvidar y, sin embargo, acaba resultando tristemente prescindible.

 

Vivir es fácil con los ojos cerrados(Sección oficial)

No debe ser nada fácil construir una comedia buenrollista, crear personajes entrañables, o lograr la complicidad de un espectador que probablemente abandone la proyección con una sonrisa de oreja a oreja. En mi caso, como beatleliana, confieso que la anécdota real de la que parte la última película de David Trueba no podría gustarme más: un profesor de inglés que utiliza como  método de enseñanza las letras de las canciones de los Beatles (oh my God, mi método existía antes que yo!), inicia una peregrinación a Almería para conocer a Lennon mientras éste rueda allí una película.
El problema es que creo que deberían haberse ceñido a esta genial premisa y al género de la comedia (algunos chistes funcionan y son muy divertidos) en lugar de meterse en los pantanosos terrenos de una dramedy por los que hace aguas. No convencen los endebles personajes de los dos jóvenes frente a un inmenso Javier Cámara, ni su torpe y acelerada “evolución” (con la típica e innecesaria escena de sexo a los dos segundos de conocerse included), ni los paralelismos, de trazo grueso, entre la casposa Spain franquista y la actual llena de personajes maniqueos (los buenos son buenísimos y los malos malísimos). Una pena. Había buen material de partida y, aunque no es una mala película, podría haber sido un trabajo notable.
 
 

Le Week-End (Sección oficial)

A menudo los críticos pecan de injustos al valorar una película de la sección oficial. En lugar de verla por lo que es, la arrojan sin piedad a los leones si no encaja perfectamente en la categoría de lo que ellos consideran “conchable”. A pesar de que esta dramedy británica ha gustado mucho a algunos sectores de la crítica, si, llevarse la concha de oro a la mejor película le queda demasiado grande. Pertenece a ese saludable género en alza de “abuelos que demuestran que hay mucha vida en la tercera edad”, cae en algún que otro tópico y no innova ni aporta nada que no hayamos visto antes. Sin embargo, ¿significa que no sea disfrutable o que no contenga algunos momentos que valgan la pena? Su querible y creíble pareja protagonista está magnífica y bien vale una vuelta a Paris. Y es que, ¿alguien puede resistirse a la ciudad luz cuando está baj@ de azúcar?

 

Tian zhu ding (A touch of sin) (Perlas)

Desesperanza enrabietada. Así se resume este oscuro, largo, áspero y crudísimo retrato de la violenta China actual. Sus cuatro personajes y sus cuatro provincias apenas interconectadas, sin embargo, no poseen ni el mismo ritmo ni la misma fuerza y consistencia. A touch of sin, a ratos cansa y aburre, y a ratos horroriza y fascina.
Puede ser, hasta cierto punto, una película necesaria a ojos occidentales. Es importante tener en cuenta cómo está evolucionando (y a qué terrible precio) un país que vive bajo la tiranía de un capitalismo extremo mezclado con trazos de comunismo. Lo que no le perdono, ahora y nunca, a su director, es la tortura y matanza de animales delante y detrás de las cámaras. Teniendo en cuenta que el film es una denuncia constante a la violencia, resulta aberrante y se hace un flaco favor al caer innecesaria y cruelmente en ella. Por todo esto, este film tiene el dudoso honor al haber sido galardonado con el Tordesillas Award por ser la película que más vulnera y desprecia los derechos de los animales, oséase, el más sádico, cruel y especista de la última edición festivalera.
 
 
 

The Young and prodigious T.S.Spivet(Sección oficial fuera de concurso)

A pocas películas les tenía más ganas que al último trabajo de Jean-Pierre Jeunet y, al mismo tiempo, pocas me han decepcionado tanto. Un niño prodigio que atraviesa medio país con la excusa oficial de recoger un premio (y la motivación real de superar un duelo), es el McGuffin perfecto para crear una road movie familiar bonita y amable con destellos del mejor imaginario del director de Amelie, pero sin el encanto, la magia o la contundencia de esta. Confieso que, a ratos, me resultó aburrida y sosa y que, incluso, acabé cogiéndole algo de tirria a su repipi protagonista. No sé si fueron las altas expectativas o el cansancio, pero no pude contagiarme con la sonrisa final que quedó estampada en algunas caras vecinas. Probablemente le dé una segunda oportunidad anytime soon.

 

Próximamente: perlas y super perlas
 
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