Con rabia, tristeza, desencanto y una creciente sensación de desgana, arrojo la crema rosa anti-envejecimiento de Upside Down en el fondo del baúl, junto a los zapatos de tacón de 15 cm de Amanda Seyfried en In Time y el tinte de pelo rubio “Lawrence de Arabia” de Michael Fassbender en Prometheus, a la espera de que, tal vez, y sólo tal vez, un remake perteneciente a un futuro no muy lejano nos compense sus muy decepcionantes “expectativas-realidad”.
 
 
 
 

Y es que el pack del producto es espectacularmente bonito y visualmente deslumbrante (hipnótico, incluso), y su ingrediente principal (polen de abejas rosas pertenecientes a dos planetas que se encuentran uno encima del otro, pero con gravedad opuesta, de tal forma que cualquier elemento de un planeta que entre en la atmosfera del opuesto arderá en el plazo de una hora) tan original y prometedor y con tantas y jugosas posibilidades, que uno se ilusiona ante sus atractivas promesas de embellecimiento y rejuvenecimiento cinéfilos.
 
 
 

Sin embargo, a pesar de contar con muy buena materia prima, la fórmula de Juan Diego Solanas no ha sido testada bajo control de guionistas, sino, básicamente bajo control de imaginería visual.  Por lo tanto, quien pretenda obtener de ella un efecto distópico-romántico satisfactorio, novedoso y prolongado en su hipocampo, sólo conseguirá perplejidad, desencanto y cierta “frescura visual” transitoria.
 
 
Otro potencial buen producto del que se ha cuidado, exclusivamente, la presentación o planteamiento, ignorando la complejidad del nudo y desenlace. Que rabia, que tristeza, que pena…
 
 
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