* El (incomprensible) éxito de Fuga de cerebros:

La vergüencitis no es por la peli en si (lo cual sería más que justificable), sino por las enciclopedias que se podrían escribir sobre el criterio del espectador medio en este país.
Hombres testosteróneos de España, lo buenorra que está mi tocaya no es una excuse para tragarse un bodrio de tan títanicas dimensiones, se pongan como se pongan.

Si un/a amig@ te la recomienda insistentemente y te conoce un poquito… cambia de friend or… run!

* El irreconciliable “Déjame entrar versus Crepúsculo”:

Las comparaciones siempre son odiosas, pero, en este caso, además, resultan absurdas. Comparar un film con otro, es como comparar un galgo con un caniche en una carrera de canes: ni son de la misma raza, ni compiten en igualdad física, ni anatómicamente están creados para lo mismo. Una es un culebrón moderno, una historia adolescente con vampiros hecha, sobre todo, para púberes, y la otra es una historia de amor/horror atípica que, casualmente, tiene como protagonista (¿femenina?) a una vampira adolescente.

Se que me arriesgo a ser el objeto de la ira desatada tanto de los fans de las criaturas de Stephanie Meyer como de cinta de culto indie sueca, pero a mi no me entusiasma ninguna de las dos…

* Comprobar que los dosmiles son más conservadores que los 60 en la Enterprise de Star Trek XI:

El creador de la famosa saga trekkie, Gene Roddenberry, era un hombre idealista que creía que el ser humano era bueno por naturaleza. Hace mucho, mucho tiempo, imaginó una utopía futurista, donde las razas no importaban y las “diferencias interespecie” convivían armónicamente. Meter a un ruso en la tripulación (con la tan reciente guerra fría de EE.UU. con Rusia), a una mujer negra (en los tiempos de Martin Luther King donde el racismo era algo tristemente cotidiano y una mujer nunca tendría un puesto de importancia en una misión espacial), o a un hombre de rasgos asiáticos como el Sr. Sulu (con las heriditas aún abiertas de guerra con Japón), fue algo very revolucionario.

40 años después han retomado la saga, le han hecho un lifting (y han guapeado a todos sus miembros, para que negarlo) y el producto final es una precuela entretenida llena de carismáticos, personajes… masculinos. En la Enterprise (y fuera de ella), sigue flotando mucha más testosterona que estrógenos. Y es que parece ser que el espacio no es la última frontera después de todo. Los años han pasado, hay mucha tecnología, mucho (aparente) dilema filosófico-moral, mucho avance socio-cultural, pero ellos siguen siendo los que pinchan y cortan y ellas, las sacrificadas madres, las chicas-jarrón-que-hacen-bulto-y-llevan-las-bandejitas o las novias cañón sinsorgas con don de lenguas. Leia, I miss you!

Como diría mi adorado Eduardo Galeano “Vuela torcida la humanidad, pájaro de un ala sola”.

[Sorry si últimamente estoy poco “contestadora” y se me acumulan los posts pendientes. Bad time]

Hablen de las cosas que les den vergüenza ajena lately. Si quieren….