Al séptimo arte le gusta el rojo. Y es que el color mas vivo, antidepresivo y enérgico del espectro, es un genial indicador de un determinado estado cromático interior especialmente cinematográfico. El rojo es a la trama de una película, lo que el fluorescente a los apuntes estudiantiles. Subraya, acentúa, resalta, clarifica.

Si una actriz se viste de este llamativo color, claramente su personaje esta expresando intensidad, fuerza, pasión, emprendimiento y/o acción. Mientras nosotros, los títeres-espectadores, nos ajustamos las gafas y nos agarramos fuertemente el asiento, ante la perspectiva de que algo emocionante is coming.

Los ejemplos de vestidos y trajes rojos que han desfilado por la big screen sobrepasan los caracteres del blog, pero los siguientes ejemplos, bien por su impacto visual o a fuerza de verlos un millón de veces, han quedado impresos para siempre en mis retinas…

Blondes

Michelle Pfeiffer canta sensualmente sobre un piano enfundada en un long vestido rouge en una inolvidable escena de la no menos inolvidable Los fabulosos Baker boys. Y nadie, hombre, mujer o hermafrodita, pudo evitar enamorarse de ella.

Años después, la belle Michelle, volvería a fascinarnos con su fuerza e independencia desafiando a un Nueva York burgués y represivo en la estupenda La edad de la inocencia. Su Madame Olenska viste rojo, es independiente, y cruza salones para hablar con los hombres sin esperar sumisamente que acudan a ella.

Y es que a nadie le sienta el rojo tan bien como a las rubias. Kim Basinger lo sabía, por eso lo lució durante toda su Cita a ciegas con Bruce Willis, enamorándole y desquiciándole a partes iguales en está más que aceptable comedia.

Muchos años antes, Bette Davis reta a la sociedad de Nueva Orleans vistiendo de hiriente rojo (cuando todas las damas lo hacen de blanco) en la impactante escena del baile de Jezabel. Nunca la Davis fue tan Davis. Personaje y actriz se fusionan tanto, que uno tiene dudas sobre donde acaba una y dónde empieza la otra.

Redheads

Pero si este color favorece a las rubias, tampoco desmerece a las pelirrojas. Cualquier hombre vería saltar las cuencas de sus ojos a lo cartoon, si se cruzara con la despampanantemente naive Jessica Rabbit encorsetada en su sempiterno vestido rojo. Y es que ella no tiene la culpa de ser tan sexy, simplemente, la dibujaron así.

Mal que nos pese, si los 90’s tuvieran una cenicienta y un vestido, estos serían, sin lugar a dudas, Julia Roberts y su espectacular vestido rojo de Pretty Woman. Con la moderna diferencia de que su baile es la opera, su madrina/principe Richard Gere, y sus ratones un grupo de solícitos dependientes que le hacen intensamente la pelota.

Más roja, sensual y vibrante que el molino que le dio fama, Satine, the sparkling diamond, embruja como al absenta luciendo uno de los mas maravillosos vestidos que se han confeccionado jamás. En la deliciosamente bohemia Moulin Rouge, Nicole seduce, canta, baila, sufre, enamora y se enamora. Posiblemente, esta pelirroja australiana nunca haya estado tan hermosa.

Brunettes

En su aspecto más negativo, el rojo simboliza el odio, la energía mal encauzada, la crueldad y el derramamiento de sangre. Estas características quedan magníficamente retratadas en la escena más machista y agresiva de Lo que el viento se llevó, la de “la doma” de Scarlett. Para ello la visten con una bata roja-rojísima-escarlata, tanto o más que su carácter, la tierra a la que tan fuertemente se aferra o la ira (y el deseo) contenido del celoso Rhett Butler.

Y rojo sangre, como no podía ser de otra manera, es el vestido y el alma de una mujer que impulsa a cruzar océanos de tiempo a su eterno amante, el conde Drácula. Winona Ryder aparece más enamorada que nunca en esta cinta de Coppola, aunque las malas lenguas aseguran que, en realidad, se llevaba a matar con el vampírico Gary Oldman.

El aspecto mas kitsch de esta tonalidad ha sido ampliamente explotado por Almodovar y sus numerosas chicas. Carmen Maura lo sufre cuando intenta no caer al borde de un ataque de nervios, en la que, en mi opinión, sigue siendo la mejor película del director manchego.

Pero si hay un rouge-romantique que impacta y subyuga, haciéndonos olvidar a la mujer, es el del abrigo que luce Miranda Richarson en Paris, je t’aime. La frase final del corto dirigido por Isabel Coixet, tiene tanta o más fuerza que el color del amour por excelencia:

“Aún hoy, después de muchos años, se le encoge el corazón cada vez que ve a una mujer con un chaquetón rojo”.

¿Cuál es vuestro traje rojo memorable?

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